De la serie Los otros Mundiales→
PRIMER TIEMPO
De acuerdo con el Anuario Pontificio 2017, la Iglesia Católica Romana cuenta con 1,285 millones de fieles en el planeta tierra, lo que equivale al 17.7% de la población mundial. La mayoría se concentra en el continente americano (49%). El país con mayor número de católicos es Brasil (172 millones).
Su sede se encuentra en la Ciudad del Vaticano que es, oficialmente, un país soberano, cuyo territorio comprende un enclave dentro de la ciudad de Roma, Italia. Su líder es el papa y sus tropas operativas, digámoslo así, están integradas de la siguiente forma:
| Sacerdotes 415,656 |
Religiosos 54,229 |
| Religiosas 670,320 |
Seminaristas 116,843 |
Paddy Agnew, corresponsal en Roma y autor de Forza Italia: The Fall and Rise of Italian Football, asegura que el 96% de los italianos son católicos nominales, y exactamente los mismos son aficionados al futbol. Esto, por supuesto, incluye al clero, hasta en sus más altos niveles.
Juan Pablo II, que jugara de portero en su juventud, fue el primer papa en asistir a un partido de futbol y fue él quien fundó el Departamento de Deportes del Vaticano. Aficionado al KS Cracovia de Polonia, fue nombrado socio honorario del Barcelona y del Schalke 04.
El expapa Benedicto XVI, fanático del Bayern Múnich de Alemania, fue nombrado el socio 100,000 del equipo bávaro. Y el papa Francisco, hincha del San Lorenzo de Argentina, es el socio 88,235 del club.
Aunque no pertenece a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el Vaticano tiene una selección nacional, una liga (Campionato della Citta Vaticano) y dos copas (Coppa Sergio Valci & Supercoppa), dirigidas por la Federación Vaticana Deportiva de Futbol (Federazione Vaticanese Giuoco Calcio).
En los equipos, sin embargo, no participan curas ordenados o en formación, sino empleados laicos de la Basílica de San Pedro y de los Museos Vaticanos, así como oficiales de policía, funcionarios del gobierno y miembros de la Guardia Suiza. Los de las sotanas juegan aparte.
SEGUNDO TIEMPO
La Copa del Clero (Clericus Cup) es un torneo anual de futbol en el que se enfrentan equipos de seminaristas y sacerdotes que representan a los seminarios radicados en Roma (colegios, universidades e institutos pontificios).
Se celebra desde 2007 y es organizado por el Centro Deportivo Italiano, con el patrocinio de la Oficina Nacional del Tiempo Libre, Turismo y Deporte de la Conferencia Episcopal Italiana, el Pontificio Consejo de la Cultura y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.
Cabe señalar que no se trata de un evento propio del Vaticano, pero obviamente goza de su venia y bendición. Y como todos los jugadores le rezan al mismo Dios, técnicamente Dios no puede ayudar a unos más que a otros.
Según monseñor Melchor Sánchez de Toca, el propósito central de este torneo, además de pasarla bien jugando al futbol, es que los seminaristas y sacerdotes comprendan que el deporte es una gran herramienta que pueden utilizar en sus diócesis y parroquias para acercar a los jóvenes a la Iglesia y a Dios, como lo han hecho los grandes santos educadores.
La Copa del Clero debe reafirmar el valor educativo y pastoral del deporte, y reforzar los sentimientos de auténtica amistad y de colaboración fructífera.
Cardenal Tarcisio Bertone
Los equipos representan a seminarios y no a naciones. Sin embargo, los pontificios colegios de Francia, Ucrania, España, Brasil o México suelen alinear, en su mayoría o totalmente, a jugadores que provienen de sus respectivos países.
Otros son una mezcla de nacionalidades, como el Sedes Sapientiae, el Consolata Agostiniani o el Chape Cusmano Belga. Y otros más congregan a jugadores de un mismo continente: los africanos, por ejemplo, están fuertemente representados en el equipo de la Pontificia Universidad Urbaniana.
El director de Prensa del evento, Felice Alborghetti, considera que la competencia sí es como un mundial, porque de algún modo reúne a jugadores de los cinco continentes. Y definitivamente así la asumen todos los participantes.
La emoción de estar aquí es muy grande, porque muchos crecimos en las calles, jugando futbol con piedras.
Francisco David Ábrego, seminarista de la Arquidiócesis de San Salvador
Los antecedentes de la Clericus Cup se remontan a 2003, cuando Jim Mulligan, un seminarista del Pontificio Colegio Beda, organizó la Copa de Roma, un torneo amistoso entre ocho equipos. Cuatro años después, el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Tarcisio Bertone, un fanático de la Juventus, duplicó el número de equipos y adecuó el formato tipo Copa del Mundo.
El Mundial Eclesiástico, pues, comienza en la Cuaresma y se desarrolla a lo largo de tres meses. Los días de juego varían, pero nunca suceden en domingo: por tradición apostólica, ese es el día del Señor. El sistema de competición arranca con una fase de grupos y luego vienen cuartos, semifinales, partido por el tercer puesto y gran final.
Los encuentros duran una hora: dos tiempos de 30 minutos con descanso en el medio. No hay prórrogas. Los empates se deciden vía tiros penales. La bendición previa de la cancha, así como la oración colectiva antes y después, son imprescindibles.
Para sancionar las infracciones de los jugadores se muestra la tarjeta azul, la tarjeta del pecado, que significa una penalización, o una penitencia, de cinco minutos fuera del terreno de juego.
Los partidos se llevan a cabo en un campo del Centro Deportivo Pío XI, el cual se localiza en lo alto de una colina, al sudoeste del Vaticano. Tiene un buen césped, una pequeña tribuna y, de fondo, la impresionante cúpula de la Basílica de San Pedro.
El trofeo para el equipo campeón es un simpático balón con zapatos de futbol y un saturno, un sombrero de ala ancha usado ocasionalmente por miembros del clero católico.
Los jugadores no visten sotanas o hábitos, sino uniformes de futbol, como Dios manda, y en sus jerseys llevan el lema del torneo en turno, que es, básicamente, un mensaje con intención religiosa. Por ejemplo: Misericordia en el campo o Así como jugamos en el deporte, juguemos en la vida.
No existe ninguna restricción para los jugadores. Lo mismo entra al quite un seminarista de 18 años que un sacerdote de cincuenta y tantos. Con más o menos musculatura, con más o menos condición física. Eso sí, todos deben entrenar por lo menos una vez a la semana.
Los equipos tienen sus propios grupos de aficionados y un público cautivo: otros seminaristas, sacerdotes, monjas, curiosos e incluso turistas. Y son tan entusiastas como cualquiera: cantan, gritan, se pintan la cara, llevan instrumentos musicales y banderas.
Los fanáticos del Pontificio Colegio Norteamericano, el seminario de los EUA, son famosos por presentarse con disfraces del Hombre Araña, Superman, Batman, el Capitán América, Super Mario o el Tío Sam.
Los seminaristas y sacerdotes dicen que el propósito de la Clericus Cup no es ganar, sino vivir la experiencia espiritual mientras entrenan o compiten. Pero quienes han presenciado los partidos afirman que los jugadores se lo toman muy en serio: el balón se pelea con alegría, pero también con fiereza, y los duelos pueden ser muy reñidos.
No jugamos por el honor ni por la gloria, sólo estamos jugando por la amistad, por la fraternidad para nuestros objetivos espirituales.
Diácono Sama Joan Romeo, capitán de los Leones Urbanos
Los seminarios Redemptoris Mater, Collegio Urbano y Pontifical North American College son los ganadores históricos del torneo: cada uno se ha llevado el título en tres ocasiones.
| Vatican World Soccer Cup
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Clericus Cup en el Vaticano
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Fuentes y fotografías: Clericus Cup, Oficina de Prensa del Vaticano, Iglesia en Directo, FIFA, Catholic News Agency, Paste Magazine, The Sport Digest, Latino Wave, Los Angeles Times, Busted Halo, BBC News, Centro Sportivo Italiano – Presidenza Nazionale (Flickr), Catholic News Service photo/Paul Haring.