Copa Oro 2011: los hijos de Huitzilopochtli vencieron al Tío Sam

Junio 25, 2011
Final
Estadio Rose Bowl
EUA vs México (2-4)

En las grandes sagas, los héroes sortean toda clase de dificultades y adversidades antes de alcanzar la gloria. Aprovisionados con armas y escudos, pero sobre todo con un arsenal de virtudes —valentía, sacrificio, audacia, coraje, voluntad, persistencia—, recorren caminos tortuosos, atraviesan pantanos lúgubres, luchan contra monstruos escalofriantes, se sobreponen a heridas y penurias, y derrotan en la última batalla al malo más malo de todos los malos. Y el logro de la hazaña extraordinaria es, precisamente, lo que los convierte en héroes. Por eso sus proezas se graban con hierro en la memoria y por eso después las contamos como leyendas ilustres.

Pues el sábado pasado fuimos testigos de un episodio que justo habremos de contar como una epopeya: México se coronó campeón de la Copa Oro por sexta ocasión y lo hizo de una forma que se nos antoja bastante heroica. No, no exagero. Porque nuestros potenciales héroes emprendieron una aventura en la que desde el inicio tuvieron que lidiar con incertidumbres y reveses:

Director técnico nuevo y sólo cinco partidos de preparación: si bien arrojaron resultados positivos (tres triunfos y dos empates), no convencieron a nadie; ni a ellos, pues.

Las lesiones intermitentes de algunos titulares, seis bajas en la plantilla y unos controvertidos refuerzos con los cuales no se pudo contar del todo; o sea, la banca mexicana nunca estuvo completa.

El escándalo del dopaje y el señalamiento público.

Nuestra indolencia e incredulidad: bueno, ps es que esta Copa no es la gran cosa, el nivel está por los suelos, así qué chiste. Curiosamente, la selección nacional no cojeó de buen futbol, pero nos tomamos con escéptica y casi desdeñosa mesura las goleadas a equipos de menor jerarquía, y opinamos que no estaban haciendo sino lo que debían hacer.

Nuestra demanda puntual: tienen que llegar a la final y ganarla, están obligadísimos, y pobres de ellos donde no, sería un fracaso rotundo.

Y pese a monstruos, pantanos y penurias, llegaron. Incompletos y mermados, pero invictos. No obstante, su gran prueba de fuego, aquella que evidenciaría su verdadero temple, aún estaba por venir. Y no sólo por la importancia que de por sí tiene una final, sino por el rival a enfrentar: los Estados Unidos de América. Nuestro equivalente al Lex Luthor de Superman. Al Voldemort de Harry Potter. A la Araña Negra de Kalimán.

 

La batalla contra el malo más malo de todos los malos

México fue, desde el silbatazo inicial, superior a su contrincante. Pero los dioses del Olimpo nunca hacen fácil el camino del héroe, porque si no ¿cómo podría probar su valía?, así que dejaron que el villano pegara primero y que pegara dos veces:

A los ocho minutos, el Tri recibió el primer gol de los otros: cabezazo, o más bien pelonazo de Michael Bradley, en una jugada a balón parado, nuestro talón de Aquiles.

Y al 22′, ese tipo que saca lo peor de mí y de mi más bajo y soez vocabulario —léase Landon Donovan—,  nos asestó el segundo, en una buena jugada en la que los gringos enlazaron, mínimo, seis espléndidos toques.

Me quedé sin habla, acalambrada hasta las pestañas. Lo sentí como un cubetazo de agua helada, como la losa que el Pípila se echó al lomo, kriptonita pura.

Apenas al minuto 27 el horizonte era ya desolador. La pizarra decía 2-0 en contra y Salcido salía del campo por lesión. Era para desarmar y desanimar a cualquiera. Los fantasmas, inevitablemente, empezaron a rondar. Sí, lo confieso: tuve aciagos recuerdos y oscuros pensamientos. ¿Contemplaríamos la evolución de la catástrofe?, ¿veríamos, otra vez, la interpretación de una tragedia vieja y conocida?, ¿capitularíamos al menos con honor? (seguro le pasó a usted también, no se haga).

Pero oh, tonta, ciega y descreída yo. Ellos, los nuestros, estaban muy lejos de rendirse. Y ese panorama ruinoso sólo era el escenario perfecto para que se erigieran en héroes y consumaran la hazaña extraordinaria.

El futbol estaba y, sin embargo, no había alcanzado. Pero los seleccionados mexicanos no cayeron en la desesperación ni en el derrotismo. No estaban dispuestos a ser víctimas de las circunstancias o mártires de la fatalidad. Ellos eran guerreros de prosapia. Ellos querían escribir su propio destino. Y lo hicieron: con mucha concentración, con muchas agallas y con un corazón enorme, ese puñado de hombres se recuperó del marcador adverso y venció con sobrada autoridad a su acérrimo enemigo.

 

El ajusticiamiento del Tío Sam

Los cuatro goles que México marcó fueron especiales y tuvieron un peso específico.

El primero: de Pablo Barrera al 29′, a un muy buen servicio del Chicharito.

¡Sí se puede, singau!: este gol nos devolvió el aliento y nos metió de nuevo a la competencia, acortando la diferencia.

El segundo: de Andrés Guardado al 35′. Un balón rebotado en el área que el Principito empujó a portería y que entró casi porque le soplamos.

El empate: esto era lo más difícil de conseguir. Tons aquí no ha pasado nada, estamos todos iguales, ora sí vamos viendo de qué lado masca la iguana.

El tercero: otro de Pablo Barrera al 49′ que, a pase de Guardado, se anotó un golazo.

La ventaja: casi que regresando del descanso nos pusimos arriba en el marcador. Osease, agárrense que salimos con filo, pelones.

El cuarto: de Giovanni dos Santos al 76′. Un GOLAZO que merece reverencia.

El campeonato: así quedaba sellado y re-que-te-sellado. Y de qué manera. Porque este irreverente, con desbordada habilidad y siempre en control del balón, literalmente hizo que el portero Howard se arrastrara y que los defensas bailaran a su son. Ninguno de los siete gringos en el área pudo hacer nada, y nomás sirvieron para adornarle toda la jugada, incluyendo ese tiro de zurda que casi rozó el travesaño y luego se clavó en el ángulo. Tremenda faena y letal estocada para orejas, rabo, patas y cuernos. El mega berrinche del guardameta fue perfectamente acorde y elocuente.

El sábado, al terminar el partido, no eran jugadores los que brincoteaban en la cancha festejando la victoria, era la élite guerrera del antiguo Imperio Azteca, los cuāuhpipiltin, los Caballeros Águila, ejecutando danzas rituales después de una guerra florida. Por encima del griterío eufórico de más de noventa mil paisanos, yo escuché caracoles, ocarinas y tambores. Yo escuché antiguos cantos en náhuatl. Sí, yo vi la mano de Huitzilopochtli acariciando la copa.

Y así fue cómo esta H. Selección Nacional se cubrió de gloria y laureles. Queden los nombres de sus combatientes para la posteridad: Talavera, Márquez, Moreno, Salcido, Torrado, Castro, Guardado, Juárez, Barrera, dos Santos, Hernández, Torres Nilo, Reynoso, Zavala y De la Torre.

El triunfo de nuestro equipo siempre contenta. El triunfo en una final regocija. Pero el triunfo en una final contra EUA es, simplemente, éxtasis delirante, porque de algún modo nos sentimos reivindicados más allá de lo deportivo.

Este capítulo dichoso ha quedado ya para la historia. No sabemos cuánto durará la buena ventura, pero no importa. Hoy ovacionamos de pie a los nuestros y les agradecemos nuestra alegría. Nuestro pedacito de revancha. Disfrute. Disfrutemos. Celebremos con ellos y por ellos.

¡Bravo, muchachos!

¡Viva México!

4 comentarios sobre “Copa Oro 2011: los hijos de Huitzilopochtli vencieron al Tío Sam

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  1. Como siempre, no dejas oportunidad para decir lo que sufrimos, pataleamos, gritamos y lo feliz que fuimos finalmente. Solamente me queda decir que se les dió un poco de revancha a nuestros paisanos, quienes lo demostraron

  2. ¡La verdad me dejaste sin habla! Hoy comentaste un evento sublime, y tienes razón, pasamos del desconsuelo a la euforia y se dio un muy buen juego para vencer al rival.

    Me quedo con varios momentos de la final:
    – El gol de Gio
    – El primer Gol, desde el pase de CH14 a la definición de Dinamita
    – El berrinche doble de Howard (primero por el Gol y luego quejandose porque la premiación habia sido en español, llevenlo con el Governator!!)
    – El aguante de Guardado, parecia masking tape, por el pegue, le atizaron bastantes cates
    – El buen arbitraje (Vaya…)

    Por ultimo no dejo de resaltar, que habia enel equipo titular 5 ex-pumas:

    – Torrado
    – Moreno
    – Castro
    – Juarez
    – Barrera

  3. Por cierto, que gacho el asunto de la SUB-22, robo y suripantas; esa novela pinta más gacho que el Clembuterol.

    Y Jona sigue sin jugar en la selección con Gio, pero ahora enteramente por su responsabilidad.

    Al menos se pusieron «protección»….

  4. Si que le sufrimos y si que festejamos. Para mi fue un partidazo. Es el resultado de disciplina y trabajo en equipo. Bravo muchachos! bueno hasta el Chepo se rió!!!!!!!!! Que bueno que pasen a la historia estos muchachos, se lo merecen. MEXICO, MEXICO Y YA!!

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