I
La noche del 26 de septiembre de 2014 se sucedieron una serie de ataques contra estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y el equipo de futbol Avispones de Chilpancingo, en la ciudad de Iguala y sus alrededores, estado de Guerrero.
Como consecuencia murieron ocho personas, aproximadamente 24 resultaron heridas, y 43 estudiantes fueron secuestrados y desaparecidos.
Los responsables y cómplices: cuerpos policiales de tres municipios, la policía estatal, el crimen organizado, el ejército y otras instancias del gobierno mexicano.
II
El autobús en el que viajaban los Avispones fue baleado en la carretera federal Iguala-Chilpancingo, antes de la medianoche. El equipo de la tercera división regresaba a casa después de haber jugado su primer partido de la temporada contra el Iguala FC. Habían ganado 3-1.
El tiroteo se prolongó durante varios minutos. Después, los atacantes quisieron entrar al autobús. Uno de los auxiliares técnicos intentó impedirlo: les dijo, varias veces, que eran un equipo de futbol y que solamente venían adolescentes. La edad de los jugadores no rebasaba los 18 años.
Los atacantes insistieron, pero no pudieron entrar porque los controles para abrir la puerta del autobús habían quedado destrozados por la balacera. Uno de ellos, además, de algún modo se dio cuenta de que, efectivamente, los pasajeros eran jugadores de futbol. Se habían equivocado, admitieron en voz alta. Entonces soltaron varias ráfagas al aire y se marcharon. Más de 200 casquillos percutidos fueron contabilizados alrededor del vehículo. Eran de armas R-15 y AK-47.
Miembros del cuerpo técnico y jugadores quedaron heridos. Entre los más graves, el defensa central Miguel Ríos Ney quien recibió cinco disparos.
Miguel alcanzó a llamar a su padre, vía teléfono celular. El señor Ríos, que había asistido al partido, iba de vuelta a Chilpancingo. Regresó de inmediato, por supuesto. Pero cuando llegó al lugar, casi una hora después de la agresión, no encontró sino un par de patrullas: ni rastro de ambulancias. Los policías intentaron impedirle el paso. El señor Ríos se impuso: nada ni nadie iba a detenerlo. Su hijo estaba tendido sobre la hierba, junto a la carretera. Él solo lo cargó y lo subió a su camioneta. Ya para qué te lo llevas, le dijo uno de los oficiales. El señor Ríos manejó como un loco hacia Iguala y todavía tuvo que franquear un retén, a la fuerza, para poder entrar a la ciudad. Tres clínicas le negaron la atención médica.
El chofer del autobús, Víctor Manuel Lugo Ortiz, y el jugador David Josué García Evangelista, de 15 años, murieron en el ataque. Miguel sobrevivió.

III
Según cuentan sus familiares y amigos, a Luis y a José les encantaba patear el balón, Martín le iba al Cruz Azul, Abelardo solía meter muchos goles y Adán pertenecía al equipo Los Pirotécnicos de El Fortín. Ellos también jugaban futbol.
Ilustraciones: Israel Mejía, Claudia Navarro, Vanessa Cortés, Abigail Rodríguez Rodríguez y Yolotzin Arias del proyecto Ilustradores con Ayotzinapa→