Mi amigo Francisco y yo compartimos, entre otros placeres, el gusto por el futbol. Lo hablamos y lo debatimos todo el tiempo. De las cosas que tenemos en común está el Real Madrid, pero justo en esa afición radica nuestra mayor discrepancia: él ODIA a José Mourinho y yo, usted lo sabe, soy devota mourinhista.
El entrenador portugués dirigió al equipo merengue entre 2010 y 2013, y según Francisco, durante aquellos años, Mourinho puso por los suelos el nombre y el prestigio del Madrid.
Francisco me soltó esta afrenta vil desde la primera vez que cruzamos palabra. Por supuesto que no estuve de acuerdo y por supuesto que desde entonces esa es una disputa permanente entre nosotros.
La discordia se agrava porque él ADORA a Iker Casillas, portero español que jugó veinticinco años para el RM. Casillas y Mourinho rompieron relaciones diplomáticas en su última temporada juntos y básicamente no se pueden ver ni en pintura. Desde esa ruptura, por tanto, yo detesto a Casillas. ¿Ya va entendiendo el duelo shakesperiano de lealtades?
La discusión del tema Madrid-Mourinho-Casillas comenzó de manera civilizada, después subió de tono y veneno, luego fue pólvora pura. El calibre de las hostilidades llegó a tal nivel que mi amigo y yo tuvimos que firmar un pacto formal de no agresión: él no hablaba mal de José y su servidora no hablaba mal de Iker.
En realidad ni siquiera los mencionábamos, por el bien de nuestra amistad y de la paz mundial. Y si queríamos comentar algo de uno u otro, pedíamos permiso a la otra parte para que el comentario no fuera interpretado como una declaración de guerra. De ese tamaño.
Y la fiesta fue bastante bien durante algún tiempo. Por ahí uno que otro dardo ponzoñoso de ida y vuelta, pero nada como para desatar una batalla campal. Hasta que un día mi amiguito cargó contra Mourinho, sin mediar petición de tregua, y yo traía la paciencia constipada. Fue el acabose. La de San Quintín. Un Waterloo.
Y como en otras ocasiones, terminé vociferando, con el dedo índice ondeando en el aire: ¡Y te voy a demostrar que no es cierto lo que dices, Francisco!… Y pues heme aquí.
UN LUGAR PARA CADA COSA Y CADA COSA EN SU LUGAR
Antes de entrar en materia es necesario hacer una separación de canicas y matatenas.
Esto no es sobre las trayectorias profesionales de Iker o José. Aunque Francisco y yo no compartamos el altísimo valor que cada uno le damos al sujeto de nuestros afectos, cada cual ha tenido lo suyo: virtudes, récords, logros.
Francisco ya firmó en papel, luego de tres cubas muy bien servidas, que José Mourinho era un buen entrenador. Yo, sobria, correspondo el gesto en la misma proporción: va, Iker Casillas ha sido un buen portero.
Ora, esto no es sobre lo mal que nos cae el contrario. Puedo aceptar perfectamente que mi amigo aborrezca a Mourinho. No sería ni el primero ni el único. Un tipo como Mi–José, de fuerte y compleja personalidad, no provoca sino polaridades: o lo amas o lo odias. No hay medias tintas. Y Mou me dijo anoche que con que yo lo quiera, le basta y le sobra.
Lo que me rechina el páncreas es lo que Francisco repite invariablemente como cantaleta de niño en catecismo: José Mourinho puso por los suelos el nombre y el prestigio del Real Madrid.
En primera, porque no es verdad. Y en segunda, porque creo que su apreciación está seria y malamente influenciada por las broncas entre nuestros defendidos. En concreto, por la estancia del portero en la banca durante la temporada 2012-2013:
—¡¿Pero cómo se atrevió a sentar al capitán?! —exclama Francisco cada vez, con una consternación digna de tragedia sofocliana— ¡Casillas era una institución en el Madrid!
Cabe señalar que en dicha banca se juegan varios motivos: un desempeño inicial bajo, una lesión de larga recuperación, las buenas actuaciones de los sustitutos y sí, también se dice que la mala relación que de pronto se suscitó entre guardameta y entrenador.
Mourinho es conocido por no tolerar los estrellismos y Francisco no le perdona que le haya zapeado, metafóricamente, al portero de sus ojos.
Pero esto tampoco es sobre los pleitos entre ellos que, dicho sea de paso, los medios convirtieron en chismerío de arrabal. Y me queda muy claro que mi amigo y yo nunca-de-los-nunca-jamases vamos a cambiar de bando.
Esto es, exclusivamente, sobre la pérfida acusación ya antes expuesta. Por la falsedad que supura en todas sus letras y porque temo por la integridad física de Francisco: si me vuelve a salir con la misma, ora sí le ensarto la corbata en las orejas como mínimo.
Así que me arremango, afilo mi cuchillo cebollero y procedo a exponer mis argumentos.
El Real Madrid de José Mourinho
Una forma común de evaluar el trabajo de un entrenador es mirando lo que consiguió al mando del equipo. Y una manera razonable de ponerlo en perspectiva es compararlo con lo conseguido previo a, en el mismo periodo de tiempo, como para tener un parámetro justo.
Como se puede observar en este coqueta tabla, el desempeño mejoró en Copa del Rey, Supercopa de España y Champions League, mientras que en la Liga se mantuvo, digamos, igual. Pero de ninguna manera, en ningún caso, empeoró.
Cabe señalar que fueron tres los entrenadores que desfilaron por el RM de 2007 a 2010: Bernd Schuster, Juande Ramos y Manuel Pellegrini.
También podemos ver que los merengues sólo habían cosechado dos títulos y con Mou ganaron tres. No, no son muchos más en lo absoluto, pero tampoco fueron menos. Y de todos ellos, así como de la Champions League, hay varios puntos que es preciso repasar.
Los récords
Durante la temporada 2011–2012, el Madrid de Mourinho impuso varias marcas en la historia de la Primera División de España y del club:
Primer equipo en ganar el campeonato de Liga con 100 puntos
Primer equipo en anotar 121 goles en una temporada
Primer equipo en alcanzar 32 victorias en una temporada
Primer campeón con la mayor diferencia de goles a favor: 89
Primer equipo en ganar en los campos de los siete campeones de Liga: Barcelona, Valencia, Sevilla, Athletic, Atlético, Betis y Real Sociedad
Equipo visitante con más goles (51) y victorias (16 de 19 partidos)
Racha ganadora más larga hasta entonces en Liga y Champions League con 15 partidos
Cerró la temporada con 174 goles, anotados en los cuatro torneos, que fue un nuevo récord para el club, pues el precedente era de 158 por allá de 1960
Qué manera de enlodar el buen nombre del Madrid, ¿verdad?… Supongo que el pobre Francisco la habrá pasado muy mal.

El archienemigo culé
La primera derrota que sufrió el Real Madrid de Mourinho fue aquel dolorosísimo 5-0 ante el Barcelona en el Camp Nou. Ajá, como para revolcarse en magueyes. Pero si algo sabíamos de José era que sabía cómo ganarle al rival blaugrana y ya vendría la revancha.
Los tres títulos que los merengues consiguieron con Mou se le ganaron al Barcelona. Ese Barcelona que por aquel tiempo estaba considerado el mejor equipo del mundo, que era campeón de Europa y que tenía tres años consecutivos ganando la Liga y la Supercopa de España. La Copa del Rey, por cierto, ¡se ganó después de 18 añotes, hombre!
Los números de José
En las tres temporadas de Mourinho, el Madrid superó los 100 goles —algo que sólo se había alcanzado en dos ocasiones anteriores y con diferentes entrenadores— y sus resultados finales fueron los siguientes:
178 partidos: 128 victorias, 28 empates, 22 derrotas
475 goles a favor, 168 goles en contra, +307 goles de diferencia
Así que la era del portugués es la segunda más ganadora en victorias y goles en toda la historia del club, sólo por debajo, en ambos casos, de la de Miguel Muñoz, quien dirigió al equipo durante 14 años (1960-1974). Su porcentaje total de efectividad cerró en 71.91%. ¿Si-es-tás-le-yen-do-Fran-cis-co?

El sueño que no fue
Yo sé bien que este es el callo que le duele a Francisco: la Champions League. No, desafortunadamente, el Real Madrid de José Mourinho no ganó el máximo título europeo de clubes. Y nadie lo lamenta más que yo.
Pero seamos justos: durante SEIS temporadas consecutivas, el Madrid ni siquiera llegó a cuartos de final y su último campeonato había sido en 2001–2002. O sea que ese prestigio que tanto cacarea mi amigo no estaba como muy alto en Europa.
Con Mou, los merengues dejaron de ser un equipo de octavos, llegaron a tres semifinales, recuperaron el respeto competitivo en el torneo y sólo perdieron un partido de los 24 que disputaron antes de ser eliminados.
No voy a justificar las derrotas subsecuentes. Nunca he sido complaciente ni con mis equipos. Pero Francisco y yo hemos criticado mucho la falta de memoria en el futbol, y a la memoria quiero apelar.
Semifinal 2010–2011, contra el Barcelona. Lo saben los jugadores de ambos equipos, los de la UEFA, los medios, mi tía Chabela y todos los que vimos el partido: hubo robo. Y no voy a honrar la bajeza descarada diciendo algo más.
Semifinal 2011–2012, contra el Bayern Múnich. Después de una temporada espectacular y una calificación perfecta, esta ronda se perdió en penaltis: ¡PFF!… Cuánto hemos hablado de lo azaroso de este tipo de definiciones.
Casillas se lució, sin duda, pero quién iba a pensar que Cristiano, Kaká y Ramos fallarían de modo tan groserísimo. Esta Champions la terminó ganando, de una manera totalmente inesperada, el totalmente inesperado Chelsea.
Semifinal 2012–2013, contra el Borussia Dortmund. Nos hicieron pedazos en la ida (4-1) y yo me deprimí una semana. La remontada parecía imposible. La vuelta, sin embargo, fue de talla épica.
Qué manera tan endiablada de jugar la de nuestro equipo. Probablemente uno de sus mejores partidos del año. Pero sin acierto en la portería durante 82 tortuosos minutos. Para morirse de la desgraciada frustración. Y entonces, la resurrección heroica: dos goles con el reloj agonizando. Sólo necesitábamos uno más. Uno solito. Uno que no sucedió. Ni siquiera pude escribir al respecto.
Epílogo
José Mourinho, pues, llegó al Real Madrid en mayo de 2010, precedido por un historial que rezumaba éxito, con cuatro equipos distintos en cuatro diferentes ligas. Llegó como campeón europeo con el Inter de Milán y ese año ganó todos los honores que se conceden al mejor entrenador, entre ellos los máximos galardones de la UEFA, la FIFA y la IFHSS.
Sí, entiendo a mi amigo, sus expectativas eran altísimas. Pero, aunque no se hayan cumplido a pies juntillas, ni siquiera él puede negar que durante dos temporadas completas, incluso un poco más, todo fue miel sobre hojuelas. Todos muy felices y orgullosos del equipo que eran.
Y aunque se le retuerza el hígado, Mourinho escribió renglones gloriosos —y para el buen recuerdo— en la historia del Madrid que sumaron a su renombre y a ese pasado de abolengo. Y demostrado aquí está.
Querido Francisco: puedes seguir odiando a Mou porque te sentó a Iker, porque te parece chocante o porque es increíblemente sexy, pero no puedes seguir diciendo lo que tan falsamente has venido sosteniendo desde que tuve la gran fortuna de conocerte.
Quizá no hubo romance mejor imaginado que el de José Mourinho y su Real Madrid. Pero el amor, como el futbol, puede ser muy ladino.
¡Hala Madrid!
Atentísimamente,
Mrs. Mourinho
Que gusto volverte a leer, ya se te extrañaba Mrs. Mourinho
Braaavoooo!! Excelente artículo y pues básicamente numéritos hablan y si aunque hubo descalabros, el madrid es el Madrid, iker pues si, es iker pero mou es MOURINHO.
Fundamentado y más que destacado querido Paco, no tires la barbie y acepta lo que es…
Felicidades Mrs. Mourinho, escribe usted maravilloso!
HALA MADRID Y pos ya de paso: GOOOOYA!