Amazonas del balón

Diciembre 2017

La creación de la Liga MX Femenil y la coronación de las primeras campeonas a finales de 2017 fueron hechos que recurrentemente se calificaron como históricos. No era para menos.

Fue a mediados de la década de los cuarenta cuando comenzó la era profesional del futbol masculino en este país, y tuvieron que pasar setenta años para que las jugadoras mexicanas pudieran acceder a una oportunidad similar. El uso de la palabra históricos, pues, no es un recurso estilístico sino una precisión obligada.

 

ELLAS SIGNIFICAN

En la temporada inaugural, confieso, no me puse la camiseta de algún equipo en particular (y sé que las Pumas entenderían). No me importaba quién ganara. Me importaba poder decir, finalmente, las jugadoras y las entrenadoras y las árbitras en una recuperación del género femenino gramatical tan venturosa como simbólica. Porque esas expresiones, obviamente, trascienden al mero lenguaje: «Lo que no se nombra, no existe», decía el filósofo George Steiner.

Tuve la fortuna de estar en el partido de ida de la final, en el Estadio Hidalgo de la Bella Airosa: las Tuzas del Pachuca recibiendo a las Chivas del Guadalajara. Era una noche muy fría y corría un aire endemoniado. Pero era una noche feliz y yo sonreía sin pensarlo siquiera. Era un acto reflejo. Inevitable. Sincero. Sonreía al ver que el graderío se iba poblando. Sonreía al escuchar el duelo entre las barras. Sonreía al ver a las jugadoras mientras ejecutaban sus ejercicios de calentamiento. Pequeñas amazonas: tan menuditas, tan profesionales, tan impresionantemente dignas.

La ceremonia protocolaria me emocionó y me conmovió. Casi 29,000 espectadores y espectadoras aplaudieron, vitorearon, entonaron el himno nacional. La postal en el campo marcó la historicidad del momento: la gran manta de la Liga Femenil al centro, los equipos en línea, la bandera de México. Sí, la imagen fue definitiva.

 

 

Como mujer, como feminista, como aficionada y como escritora que escribe sobre futbol, me sentí increíblemente orgullosa de todas las mujeres que estaban en el campo de juego (y de las ausentes igual). Porque sé que todas llegaron a la liga no sólo por sus méritos deportivos, sino también por su tenacidad, su inquebrantable ilusión, su resistencia fuera de la cancha. Todas ellas recorrieron un largo camino plagado de incredulidad, prejuicios, escepticismo, rechazo, indiferencia mediática y comercial, un trato de segunda.

En estricto sentido, cada escuadra de jugadoras representa a una institución, pero la verdad es que ellas representan mucho más. Representan a las jugadoras de los otros equipos y a cientos de jugadoras sin equipo y a decenas de mujeres que de una u otra manera tenemos que ver con el futbol y a miles de mujeres que nada tienen que ver con el futbol. Sí, ellas están ahí por ellas, por las otras, por nosotras. Y su irrevocable presencia es una síntesis, una metáfora, una proclamación.

 

No, no son las primeras jugadoras de futbol en este país. Muchas otras antes, en el anonimato, picaron piedra para que ellas pudieran estar ahí. Y ellas, a su vez, ahora están allanando el camino para las generaciones futuras.

El sacrificio y los logros de todas no serán estimados en su justa medida sino en los años por venir. Así es la historia. Pero tengo la certeza de que en el mañana, cuando se repase la cronología del ayer, forzosamente se les traerá a la memoria. Porque su página se ha escrito ya y su crédito ya no podrá ser ignorado o postergado.

 

Tengamos las agallas y la consecuencia humana de cambiar este mundo, por las que ya no están, por las que están y por las que vienen.
Ilka Oliva Corado, escritora y poetisa guatemalteca

 

APOSTAR PARA GANAR

Ellas, definitivamente, no juegan por dinero. De acuerdo con el estudio Global Sports Salaries Survey 2017, elaborado por la firma Sporting Intelligence, el promedio salarial de los jugadores de toda la liga mexicana es de 565,000 pesos al mes; el de las jugadoras, por ahí de los 3500.

Ya me sé los pretextos: recién empezó el proyecto, el futbol femenino no atrae el mismo número de espectadores (aún), ni tiene superestrellas (aún) ni tampoco una base de seguidores que repercutan en éxito comercial (aún). Pero cualquiera con un poco de sentido común sabe que un negocio rentable no nace por generación espontánea o como por arte de magia.

Se me ocurre que la Federación Mexicana de Futbol, la Liga MX, los clubes, los medios y los patrocinadores podrían hacer un montón de cosas para impulsar la Primera División Femenil y crear un círculo virtuoso que los beneficie tanto como a las jugadoras.

La ecuación es muy simple: si quieren ganar dinero, deben invertir. Invertir no sólo en mejores sueldos, sino también en formación, infraestructura, equipamiento, promoción. Porque la profesionalización, esa que es bien lucrativa y que les podría reportar jugosos dividendos, exige mucho más que la dedicación de las chamacas a tiempo completo.

Hay que apostar por su desarrollo y la maduración de su futbol, como lo han hecho en Inglaterra, Francia o Alemania. Allá ya comprendieron el potencial del futbol femenino, y comprendieron, además, que para cosechar frutos, no sólo basta con sembrar, también hay que cuidar lo que se ha sembrado.

 

LA AFICIÓN MANDA

Siempre he defendido que las aficionadas y los aficionados somos quienes sostenemos el gran negocio que es el futbol, y quienes lo manejan nunca nos toman en cuenta y nos dan casi nada por nuestra lealtad. Sólo piense, por ejemplo, qué pasaría si no fuéramos a los estadios o no compráramos jerseys o no contratáramos televisión de paga. Todos los que ganan con el fut, lo ganan gracias a lo que desembolsamos.

Pues como afición, con esa enorme potestad, también podemos poner un granito de arena. Un granito que pese una tonelada y que es tan simple como crucial: apoyar a las jugadoras.

Y no le pido que las apoye porque son mujeres. Véalas y apóyelas porque tienen capacidad, talento, compromiso. Porque trabajan igual que sus colegas masculinos o quizá hasta más. Su apoyo será recompensado con entrega y un futbol generoso. ¿No es eso lo que pedimos a nuestros equipos?, ¿no es eso lo que anhelamos de un buen partido? Pues eso es lo que ellas ofrecen.

Apóyelas para que los actores de la industria del futbol terminen de subirse al barco y se les sumen otros y ellas puedan jugar en condiciones justas. Apóyelas para que tengamos una mayor oferta deportiva y de entretenimiento. Apóyelas para que el futbol también sea una opción profesional para nuestras niñas y adolescentes.

Y apóyelas con el mismo ímpetu con el que apoya a su equipo masculino. Porque el amor es a la camiseta, ¿no es cierto? Bueno, pues ahora otras guerreras defenderán el honor de esa camiseta que usted tanto quiere.

 

El futbol nunca debe ser conocido como el deporte del hombre. El futbol femenino merece igualdad total con el juego masculino.
David Beckham, exfutbolista inglés

 

LA EVOLUCIÓN CONJUNTA

Las personas, al igual que las sociedades, continuamente estamos aprendiendo. Aprendemos a ver cosas nuevas, a manejar tecnologías nuevas, a tratar nuevos temas de interés público. Pues lo mismo ha de suceder con el futbol femenino en general y el futbol femenino mexicano en lo particular.

Tenemos que aprender a ver el juego de otra manera. Tenemos que acostumbrarnos a ver a las mujeres en la cancha, y alrededor de ella, hasta que se vuelvan parte de nuestra cotidianidad. Necesitamos aprender a valorar a las jugadoras como las deportistas que son y necesitamos aprender a apreciar su futbol.

Y no caigamos, por favor, en la trampa barata y primitiva de comparar con el juego de los hombres. El futbol es tan noble y rico que puede ofrecernos distintas versiones de su prodigalidad.

 

EL OTRO PARTIDO

Las experiencias de otros países demuestran que las ligas femeninas enriquecen el futbol en general, fortalecen a las comunidades y abonan en asignaturas como la inclusión o la equidad.

Porque el futbol, con su inmenso poder de convocatoria, influencia y proyección, puede ser una plataforma extraordinaria para visibilizar a las mujeres. Un espacio para reconocerlas y reivindicarlas en múltiples dimensiones. El futbol femenino también puede producir figuras de inspiración, ejemplos a seguir, heroínas del balón, y ayudar a combatir los estereotipos de género, el sexismo y la discriminación fuera de las canchas.

Por supuesto que eso no sucederá de la noche a la mañana y se requiere de un profundo cambio de mentalidad en el campo de juego y más allá. Pero no olvidemos que el futbol es un espejo social y en él también se refleja cómo tratamos a las mujeres en nuestra sociedad. La evolución acá no puede ni debe demorarse más.

Quienes hemos tenido que pelear por ganarnos un lugar en un ámbito dominado por hombres, lidiando con que no se nos tome en serio, con la mofa socialmente aceptada y con los portazos laborales por el simple hecho de ser mujeres (o ser cierto tipo de mujer), sabemos que se dio un paso importante con la Liga MX Femenil. Pero es solamente un paso. Un paso en una carrera maratónica con muchos kilómetros aún por andar.

 

Una versión de este texto fue publicada en la revista Futbol Total, número 226, edición enero 2018.

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