El deporte debe aterrorizar a los terroristas, ya que es la gran religión que une a los secularistas.
Rohit Brijnath, periodista deportivo
Los terroristas pueden amenazar o atacar megaeventos deportivos o eventos deportivos de alto perfil por muy diversas razones. En este apartado exploramos algunas de esas motivaciones que hemos dividido en cuatro rubros: mediáticas, logísticas, estratégicas y simbólicas & ideológicas.
Es importante aclarar que dichas motivaciones no son excluyentes entre sí y que algunas pueden aplicar asimismo a eventos deportivos de cualquier escala y nivel.
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Megaeventos deportivos Eventos deportivos únicos de escala internacional, con una duración fija, que producen niveles extremadamente altos de cobertura mediática, atraen a una gran cantidad de visitantes, implican grandes costos y tienen un fuerte impacto en la comunidad anfitriona (población, infraestructura, medio ambiente, etc.). Suelen ir acompañados de actividades paralelas, como festivales o eventos culturales. Los megaeventos deportivos por excelencia son los Juegos Olímpicos y las Copas Mundiales de Futbol. |
Motivos mediáticos
Los megaeventos deportivos se convirtieron en un blanco muy tentador a partir de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, en donde once atletas, entrenadores y oficiales israelíes fueron secuestrados y asesinados por integrantes de la organización palestina Septiembre Negro.
Este incidente fue la primera vez que un ataque terrorista se convirtió en un evento mediático global que se transmitió por televisión a todo el mundo. La audiencia estimada: 900 millones de personas en más de 100 países. Hasta ese momento, ningún evento transmitido por televisión a escala internacional había alcanzado esos niveles de audiencia.
Individuos y organizaciones, entonces, se dieron cuenta de que atacar este tipo de eventos podía llevarlos al horario estelar y a las primeras planas. Si bien el terrorismo busca infligir el máximo daño humano y material, también busca la máxima resonancia mediática, es decir, apunta a las víctimas, pero igualmente apunta a quienes están mirando.
Y es que en términos de comunicación, los Juegos Olímpicos y las Copas Mundiales de Futbol reúnen una serie de características que ningún otro evento reúne:
Atraen una inmensa atención internacional, por lo que se registra una altísima asistencia de representantes de medios de comunicación, acreditados y no acreditados, que provienen de todo el mundo y que se encuentran concentrados en un solo lugar por bastantes días consecutivos.
Además, las horas de cobertura, la cantidad de contenido generado, así como las audiencias de televisión y plataformas digitales, son exorbitantes. De hecho, las transmisiones televisivas de Juegos Olímpicos y Copas Mundiales de Futbol son las más vistas en la historia.
Estos eventos, pues, brindan una plataforma mediática única y sumamente atractiva para los terroristas: llevar a cabo un ataque transmitido a escala global les proporcionaría una publicidad de gran alcance que difícilmente alcanzarían de otro modo, garantizándoles la máxima cobertura y la máxima audiencia posibles para proclamar su mensaje.
En general, el futbol profesional es un producto decididamente televisivo y altamente seguido en las plataformas digitales. Y aquel que involucra a las ligas top europeas (p. ej. Inglaterra, España, Alemania, Italia) al igual que a la UEFA Champions League impacta de manera muy importante en los mercados internacionales. Así que aunque no alcanzan las audiencias de una Copa del Mundo, mantienen públicos cautivos masivos.
Por desgracia, el drama del terrorismo y su sórdido espectáculo son contenidos ampliamente difundidos y consumidos tanto en los medios como en redes sociales. Y los terroristas lo saben: si bien ya no secuestran aviones, sí tienen mucho éxito secuestrando los ciclos mundiales de noticias.
A través de la publicidad generada por su violencia, los terroristas buscan obtener el apalancamiento, la influencia y el poder que de otra manera les faltaría para lograr un cambio político a escala local o internacional.
Bruce Hoffman, profesor e investigador especializado en terrorismo
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Motivos logísticos
Los megaeventos deportivos son vulnerables al terrorismo precisamente por su tamaño y magnitud. Todo es multitudinario: los días, los participantes, los medios de comunicación, las sedes, las locaciones, los eventos, los espectadores, los visitantes. Las facilidades y oportunidades, por tanto, no son pocas. Por ejemplo:
Uno de los principales objetivos de los ataques terroristas son los lugares abarrotados para maximizar el número de víctimas, y si hay algo que caracteriza a Juegos Olímpicos y Copas Mundiales de Futbol es la constante concentración masiva de personas en estadios y sitios de competición, así como al aire libre en Fan Fests, Live Sites, eventos paralelos o sitios turísticos en ciudades sede.
Los individuos o grupos que recurren al terrorismo pueden aprovechar los megaeventos deportivos para atacar al país anfitrión, a otros países o a comunidades presentes en las competencias. Las miles de personas que llegan del exterior representan potenciales víctimas trasnacionales: deportistas, personal de las delegaciones, oficiales deportivos, espectadores, turistas, gente de los medios de comunicación.
Los competidores, los invitados VIP extranjeros (p. ej. jefes o jefas de Estado, realeza, ciertas celebridades), así como los funcionarios gubernamentales del país anfitrión que suelen estar presentes, pueden ser objetivos especialmente relevantes a nivel noticioso, propagandístico y estratégico.
Si bien los estadios y sitios de competición, así como los Fan Fests y Live Sites, son blancos de alto valor, existen muchos otros lugares de riesgo y susceptibles de ataque: hoteles sede, Villa Olímpica, sitios de entrenamiento, centros de medios y transmisión, sitios de eventos alternativos, centros de las ciudades sede, sitios turísticos, redes de transporte y lugares de esparcimiento como restaurantes, bares y cafeterías.
Es preciso señalar que, aunque un ataque no apunte a objetivos estrictamente deportivos (p. ej. estadios) o a objetivos directamente relacionados (p. ej. Fan Fests), creemos que si el atentado se lleva a cabo en el país sede, en las mismas fechas en que se está desarrollando el evento, debe considerarse un ataque en contra del evento, porque impacta en la organización y en la percepción de la seguridad. Además, ese tipo de incidentes de ningún modo son casuales: si suceden en ese contexto es porque así fueron planeados.
Las concentraciones masivas de personas, por otro lado, dificultan la identificación física de posibles atacantes. Los estadios y sitios de competición por lo general son muy accesibles a través de los sistemas de transporte público lo que les ofrece una ruta rápida de escape.
Cabe aclarar que cualquier concentración masiva de personas en eventos deportivos representa un objetivo potencial:
En artículos publicados en 2012 y 2014 en Inspire, una revista digital en inglés producida por al-Qaeda en la Península Arábiga, se habla de atacar a grandes multitudes en arenas deportivas e incluso se señalan objetivos específicos como las carreras de caballos, los torneos de tenis o los estadios de futbol durante los partidos de la Premier League y la FA Cup de Inglaterra. La Enciclopedia de la Yihad Afgana también ha incluido a los estadios de futbol como objetivos.
Los megaeventos deportivos son susceptibles de amenazas o ataques por su alta exposición mediática, alta visibilidad pública, alta representación simbólica y alta vulnerabilidad física.
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Motivos estratégicos
Como vimos en las repercusiones de Múnich 1972, el impacto del terrorismo va más allá del ataque en sí o de las víctimas inmediatas, y tiene implicaciones de largo alcance a nivel político, económico, social y psicológico.
Durante los Juegos Olímpicos y las Copas Mundiales de Futbol, el prestigio de los países anfitriones está en juego bajo el escrutinio mediático global, así que un atentado terrorista pondría en jaque al gobierno del país sede ante los ojos de todo el mundo.
He aquí algunas intenciones y consecuencias que podría involucrar un ataque durante un megaevento deportivo:
Dañar la reputación del liderazgo político en el país anfitrión y socavar su autoridad
Generar inseguridad e incertidumbre sobre la capacidad del gobierno para proteger a sus ciudadanos y a sus invitados
Desacreditar la imagen internacional del país anfitrión avergonzándolo simbólica, diplomática y políticamente
Desafiar a las estructuras de inteligencia y seguridad poniendo en entredicho su eficiencia o efectividad
Causar daños materiales que se traduzcan en pérdidas financieras y económicas para los países anfitriones y las instituciones organizadoras
Los grupos terroristas, asimismo, pueden utilizar los eventos deportivos para enviar un mensaje sobre su capacidad para ejecutar ataques importantes que, por un lado, motiven y movilicen a sus partidarios, y por el otro, provoquen un profundo nivel de miedo en las poblaciones que desencadene cierto grado de parálisis social.
Por venganza, para obtener gloria o provocar una reacción en el adversario son también motivos comunes.
La interrupción o cancelación de unos Juegos Olímpicos, una Copa Mundial de Futbol o un evento deportivo de alto a perfil a razón de un ataque terrorista sería un éxito histórico desde la óptica de los atacantes. Una victoria para ellos y una derrota para los anfitriones. Es por ello que los funcionarios gubernamentales y deportivos continuamente afirman que el terror no debe cambiar o alterar la vida social habitual.
Por supuesto que el factor económico de un megaevento deportivo o un evento deportivo de alto perfil debe pesar bastante. Hasta diciembre de 2020 no ha habido Copa del Mundo, Juegos Olímpicos o torneo mayor de futbol que haya sido cancelado por una amenaza o ataque terrorista. Solamente el atentado durante los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 impactó en el desarrollo del evento, pues las competencias se suspendieron.
Motivos simbólicos e ideológicos
Los terroristas pueden amenazar o atacar un megaevento deportivo, sus instalaciones y/o a sus participantes por su potente simbolismo y por lo que representan.
Hace algún tiempo, en un texto sobre lo que significa la Copa del Mundo, escribí que no había catedrales más universales que los estadios de futbol durante un Mundial, al menos por un mes, y que no había misiones diplomáticas más acreditadas que las selecciones de futbol que van a un Mundial. La misma idea puede aplicar para las delegaciones olímpicas.
Las selecciones de futbol y las delegaciones olímpicas no sólo representan a lo mejor del deporte mundial, también representan a naciones o países y, de algún modo, son embajadoras de cierta identidad patria —de otra manera no se explicaría que jefes(as) de Estado abanderen a estas misiones deportivas ni la presencia de las banderas y los himnos nacionales en las competencias—.
Atletas olímpicos y futbolistas mundialistas gozan de cierto estatus y consideración social, y a menudo se les percibe como una suerte de héroes y heroínas que, en el escenario de los megaeventos deportivos enorgullecen e importan a un pueblo.
Por otro lado, las y los deportistas, los Juegos Olímpicos, las Copas Mundiales de Futbol y los eventos deportivos en general simbolizan una serie de ideales, valores y atributos: alegría, deportividad, dignidad, esfuerzo, ética, fraternidad, hermandad, inclusión, integridad, lealtad, libertad, neutralidad, paz, reconocimiento, sana competitividad, sacrificio, tolerancia, unidad.
Las instalaciones deportivas, los sitios de eventos alternativos y hasta las calles de las ciudades sede se convierten en una especie de santuarios de convivencia y carnavales de una extraordinaria diversidad cultural, en donde las personas se congregan con fines de entretenimiento y diversión para compartir y disfrutar con otras miles de personas de una experiencia colectiva agradable.
Finalmente, existen grupos que amenazan o atacan eventos deportivos porque condenan específicamente al deporte o al futbol, como el autodenominado Estado Islámico en Siria e Iraq, al-Shabaab en Somalia o Boko Haram en Nigeria, cuyos casos revisaremos más adelante.