9. El terror de la codicia: el caso del Borussia Dortmund

Es el martes 11 de abril de 2017. El día en que se jugará el partido de ida de los cuartos de final de la Champions League entre el Borussia Dortmund y el AS Mónaco. Pero poco después de que el Dortmund deja el hotel l’Arrivee para dirigirse al estadio, alrededor de las 19:15, tres artefactos explosivos estallan al paso de su autobús.

Las detonaciones se suceden una tras otra. El autobús se estremece. Se escuchan cristales que revientan. Los jugadores se cubren como pueden: algunos se tiran al piso, otros se meten debajo de los asientos. El chofer frena abruptamente y tras unos segundos avanza un poco para dar vuelta en la esquina.

Los pasajeros, desconcertados, se gritan unos a otros: ¡No se levanten!… ¡Quédense abajo!… ¡Aléjense de las ventanas!… Nadie entiende qué pasa. Es el miedo y la incertidumbre. ¿Habrá más explosiones?… ¿Alguien intentará entrar al autobús?… El defensor español Marc Bartra, lívido y aterrado, también está gritando: su brazo sangra profusamente.

Las bombas, de manufactura casera pero con detonadores militares, estaban escondidas en los setos junto a la carretera. Cada una contenía como un kilogramo de mezcla explosiva y alrededor de 65 pernos de metal (metralla, esquirlas). Su alcance fue de unos 100 metros.

Para esas horas, bastante gente espera ya en el estadio. En las pantallas se anuncia que ha ocurrido un incidente y que hay un herido. Por seguridad, se le pide al público permanecer en el interior del inmueble. Los aficionados del Mónaco comienzan a cantar en apoyo al Dortmund.

Bartra ha sido llevado al hospital y entra a cirugía. Tiene un hueso roto en la muñeca, así como trozos de vidrio en el brazo. También ha resultado herido un policía que iba en motocicleta acompañando al autobús. Los jugadores son escoltados por guardias armados al hotel. Las autoridades acordonan el área.

En el estadio se avisa que no hay peligro dentro o en los alrededores. Las instalaciones son evacuadas, en perfecto orden, bajo vigilancia policial.

 

 

Polémica decisión a la velocidad de la luz
Para sorpresa de todo el mundo, a las 20:30 se anuncia que el partido se jugará al día siguiente: miércoles, 12 de abril, a las 18:45. La decisión se ha tomado tan rápido que incluso se alcanza a comunicar por los altavoces y las pantallas del estadio a los aficionados que aún están ahí. No han pasado ni dos horas desde el ataque.

La decisión, aparentemente, ha sido tomada en conjunto por la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA), los clubes involucrados, las autoridades, y obedece, aparentemente, a una cuestión de calendario: no hay tiempo para aplazar más el partido porque el Mónaco juega el sábado en su liga y las vueltas de la Champions son la siguiente semana. La cita de los equipos en cuestión es el 19 de abril. El sorteo para las semifinales es el 21. Si el Dortmund no juega, pues, queda descalificado.

La UEFA, con la sensibilidad de un martillo perforador para asfalto, ha puesto al Dortmund entre la espada y la pared. Su directiva ni siquiera ha tenido tiempo para digerir lo que ha ocurrido y sopesarlo con un poco de calma. Mucho menos los que viajaban en el autobús.

Que los jugadores disputen el partido a menos de 24 horas del ataque es inapropiado, de mal gusto e increíblemente desconsiderado. Que no hayan resultado heridos no significa que no estén afectados, porque han experimentado, sin duda, un evento traumático.

Cuando se habla de heridos a causa de un atentado, generalmente se alude a quienes sufrieron daños físicos de cierta consideración. Quienes sufren algún impacto psicológico o emocional casi nunca son tomados en cuenta. Pero también son víctimas y deberían contabilizarse.

Reinhard Rauball, el presidente del Borussia Dortmund, declara que es una situación extremadamente difícil para los jugadores, pero que son profesionales y que está convencido de que la dejarán a un lado para poder jugar. Dice, además, que tienen la responsabilidad con la sociedad de no plegarse ante el terrorismo

A los jugadores del Dortmund se les permite ir a sus casas esa noche. El hotel en el que se hospeda el Mónaco, así como su autobús, son resguardados por policía armada. El futbol expresa su solidaridad.

 

 

Las aficiones: más grandes que el futbol
En cuanto se sabe que el partido se jugará al día siguiente, en las redes sociales comienzan a aparecer mensajes que ofrecen hospedaje a los aficionados del Mónaco con el hashtag #bedforawayfans.

La tendencia fue iniciada por Fabian Rustemeier y Simon Ballmann, aficionados del Dortmund, quienes iban rumbo al estadio cuando se enteraron de lo ocurrido. A Ballmann le pareció que sería una pena ver jugar a su equipo en un estadio medio vacío y preguntó a su amigo si no podrían encontrar camas para que los aficionados del Mónaco pudieran pasar la noche. Rustemeier pensó en el hashtag #bedforawayfans y envió el primer tweet. En cuestión de minutos, llegaron las respuestas.

 

 

Las ofertas de hospitalidad, que provienen de gente que vive en Dortmund y más allá, se multiplican rápidamente. Las imágenes de la fraternidad entre aficionados inundan el ciberespacio. Porque de eso, precisamente, se trata el futbol. El espíritu de hermandad, la convivencia pacífica, los lazos entre aquellos que son distintos pero lo mismo. La afición del Dortmund demuestra la clase y la decencia que le faltó a la UEFA (y al resto de los que ganan a manos llenas con el futbol, como los patrocinadores y las televisoras).

Este gesto de solidaridad se convertirá en el tercer hashtag deportivo más impactante en la historia de Twitter y también será nominado para el premio FIFA Fan Award 2017.

 

 

El muy cuestionable partido
Es el 12 de abril de 2017. El día en que se jugará un partido de futbol que debió jugarse el día anterior y que definitivamente no debería jugarse hoy. Pero el calendario del futbol profesional europeo es imposible e inflexible. Se trata de futbol a destajo.

Thomas Tuchel, entrenador del Dortmund, se siente listo para cumplir con su trabajo, pero cuando el equipo se reúne para el entrenamiento se da cuenta de que los jugadores no están en condiciones de jugar. Y no, no es un problema físico.

Por la tarde, en el estadio, aficionados de ambos clubes cantan juntos en las tribunas You’ll never walk alone. Los jugadores del Dortmund visten camisetas especiales durante el calentamiento, con la imagen impresa de Marc Bartra y una leyenda en español que dice: ¡Mucha fuerza, estamos contigo! Bartra publica un mensaje en Instagram desde el hospital.

Representantes del gobierno alemán asisten al encuentro. El despliegue de seguridad, obviamente, es superlativo. El Borussia pierde 3-2. El primer gol en contra les cayó al minuto 19, y al 35’ concedieron un autogol. Sus tantos de descuento vinieron hasta la segunda mitad.

En la conferencia de prensa pospartido, Thomas Tuchel critica severamente a la UEFA por haber hecho que el equipo jugara tan pronto después del ataque. Habla de impotencia, de que el partido les fue impuesto y que la decisión no la tomaron quienes viajaban en el autobús.

Entrenadores como Niko Kovac del Frankfurt, Julian Nagelsmann del Hoffenheim y Jürgen Klopp del Liverpool secundan su opinión: fue demasiado pronto. Algunos futbolistas también irán expresando su sentir:

Nuri Sahin, centrocampista: «Sé que ganamos un montón de dinero y que tenemos una vida privilegiada, pero somos seres humanos. Hay mucho más que futbol en este mundo y anoche lo sentimos».

Sokratis Papastathopoulos, defensa: «La UEFA necesita entender que no somos animales. Somos personas que tenemos familias e hijos en casa».

Roman Weidenfelder, portero: «Es incomprensible que no se permitió descansar al equipo. No somos máquinas».

Marcel Schmelzer, lateral: «Ninguno de nosotros durmió. Y el viaje en autobús al estadio fue simplemente horrible. Nadie pensó en el partido. Hubiéramos estado muy, muy, muy felices, si se hubiera jugado otro día».

Sven Bender, defensa: «Cometimos un gran error al jugar. Podríamos haber decidido no hacerlo, pero nosotros nunca habíamos estado en una situación así».

La UEFA desestima las declaraciones de Tuchel en un comunicado. Argumenta que no impusieron nada, que la decisión se tomó de común acuerdo con ambos clubes después de discusiones exhaustivas (¿discusiones exhaustivas en menos de dos horas?) y que la directiva del Dortmund en ningún momento solicitó que el partido no se jugara.

En la serie documental Inside Borussia Dortmund, lanzada en 2020, el CEO del club, Hans-Joachim Watzke, dice que platicó el asunto con los jugadores. El portero Roman Bürki confirma que les preguntaron, pero que el equipo decidió jugar porque les dijeron que de lo contrario serían descalificados.

A la postre, el Dortmund quedará fuera de la competencia, porque a la semana siguiente también pierde la vuelta 3-1.

 

 

La investigación
La Fiscalía Federal de Alemania inicialmente califica el ataque como un acto de terrorismo con posible participación islamista.

En el lugar de los hechos se encuentran tres cartas idénticas, escritas en alemán, las cuales explican que el atentado ha sido en represalia por la intervención militar de Alemania en contra del autodenominado Estado Islámico (AEI) en Siria e Iraq, y acusan al país de matar musulmanes. En los textos se exige el cierre de la base militar estadounidense en Ramstein y la retirada de los aviones alemanes de Siria. Si las demandas no son cumplidas, habrá nuevos ataques contra deportistas y personalidades en Alemania.

Dos reivindicaciones más salen a la luz. Una es publicada en el sitio web de izquierda IndyMedia alegando un motivo antifascista. Otra es enviada al periódico Der Tagesspiegel alegando un motivo de extrema derecha. La primera se considera falsa; la segunda se toma con cautela. Pero igual la policía se mantiene abierta a todas las posibilidades.

El 13 de abril, fuerzas policiales llevan a cabo un par de redadas y detienen a un hombre iraquí de 26 años que, según la inteligencia alemana, era miembro del AEI en Iraq, donde había dirigido una unidad de 10 combatientes; en Alemania mantenía estrecho contacto con simpatizantes de la organización. El hombre es liberado porque no hay pruebas que lo vinculen con el incidente.

El análisis de las cartas encontradas, por otro lado, despierta serias dudas sobre su autenticidad. Entre otras razones porque ataques previos en Europa relacionados con el AEI no habían incluido ese tipo de confesiones. Además están dirigidas específicamente a la canciller alemana Angela Merkel, plantean demandas muy concretas y no presentan firma o el logotipo del AEI, todo lo cual resulta muy inusual. Los expertos en terrorismo sugieren que pudieron haber sido escritas para desviar la investigación y atribuir el ataque a extremistas islamistas.

A medida que avanza la investigación se hace evidente que los jugadores del Borussia Dortmund corrieron más peligro del que se pensaba. Se cree que las ventanas reforzadas del autobús evitaron más bajas. Un experto en explosivos asegura que una falla técnica en las bombas redujo la magnitud del estallido.

 

Incident report

Nuri Sahin & Thomas Tuchel

 

 

El perpetrador, sus motivos, la extravagante trama
El 21 de abril de 2017, las autoridades anuncian que han arrestado a Sergei W, un ingeniero eléctrico de 28 años, con ciudadanía alemana y rusa, como presunto responsable del atentado. El acusado de inicio lo niega, pero a los meses terminará confesando.

Y sus razones, que nadie hubiera podido imaginar, no tienen nada que ver con motivaciones ideológicas, políticas o religiosas. Su intención era colapsar el precio de las acciones del Borussia Dortmund en la bolsa de valores para poder beneficiarse de la especulación del mercado (el Dortmund es el único club de la Bundesliga que cotiza en la bolsa).

A mediados de marzo de 2017, el perpetrador se hospedó en el hotel lʻArrivée, donde el Borussia suele quedarse para sus partidos como local. También reservó una habitación para los periodos del 09 al 13 de abril y del 16 al 20 de abril, pues en ese momento no se sabía si el partido en casa del Dortmund contra el Mónaco sería en la ida o la vuelta.

Previo al atentado, durante el check-in, Sergei W rechazó la primera habitación que se le ofreció porque no tenía una ventana que diera hacia la carretera. Se le asignó, entonces, la habitación 402, en el ático, que tenía una vista clara del lugar en donde colocaría los explosivos y le permitiría activarlos de manera remota al paso del autobús.

El día del ataque, el perpetrador adquirió instrumentos financieros (put options), por un valor de 78,000 euros, utilizando la conexión a internet en su habitación del hotel. Estos instrumentos le habrían dado una ganancia de hasta 3.9 millones de euros si el precio de las acciones del Dortmund se desplomaba después del atentado.

El precio de las acciones cayó temporalmente después del incidente, pero sólo un 5% y luego se recuperó. Tras la detención del sospechoso, el precio de las acciones subió 4%.

De acuerdo con los empleados de lʻArrivée, después de las explosiones, Sergei W entró tranquilamente al restaurante y pidió un filete mientras otros huéspedes corrían en pánico por el hotel. La factura mostraba que más tarde había solicitado un masaje.

Un día después del ataque, la policía fue alertada por primera vez sobre una actividad atípica en la bolsa de valores, pero inicialmente no la relacionó con el atentado al Dortmund. Los empleados de Comdirect, un corredor en línea adjunto al banco alemán Commerzbank, se comunicaron más tarde con la policía porque la compra de Sergei W les hizo sospechar de lavado de dinero.

Dado que el perpetrador había comprado los instrumentos financieros en línea desde la habitación del hotel, la policía utilizó la dirección IP, así como los datos que le compartió el banco, para identificarlo y posteriormente arrestarlo.

Como ya suponían las autoridades, el perpetrador escribió las cartas para que el ataque pareciera obra de islamistas. También admitió que había aprendido cómo hacer las bombas buscando en Google.

 

La policía siguió pistas que apuntaban al islam radical, hooligans de extrema derecha y activistas de izquierda. Al final, sus investigaciones los llevaron a una categoría completamente nueva de extremismo: el terror alimentado por la codicia financiera.
Philip Oltermann, jefe de la oficina de The Guardian en Berlín

 

El 21 de diciembre de 2017 arranca el juicio en contra de Sergei W. El Borussia Dortmund es codemandante del caso. En marzo de 2018, el entonces entrenador del club y algunos jugadores testifican en la corte. La fiscalía pide cadena perpetua. La defensa del acusado solicita una disminución de la pena porque, según él, su intención no era herir o matar a nadie.

El 27 de noviembre de 2018, finalmente, el Tribunal Regional de Dortmund declara a Sergei W culpable de 28 cargos por intento de asesinato, provocando una explosión, y dos cargos por causar lesiones corporales graves. La condena es de 14 años de cárcel.

 

Aftermath

Aquí [en un partido de futbol], se supone que debemos decir, es donde comienza la curación. Donde se reanuda la vida normal. Donde los terroristas aprenden que no pueden ganar y donde las buenas personas encontrarán la fuerza para seguir adelante desafiando su tiranía. Si tan sólo fuera tan simple.
Andy Brassell, escritor y comentarista deportivo, The Guardian

 

El CEO del Borussia Dortmund, Hans-Joachim Watzke, afirma que el atentado fue un punto de inflexión para el club y uno de sus peores retos en décadas.

Aunque el club proporcionó asistencia psicológica a los jugadores, no todos pudieron dejar el incidente completamente atrás. Marcel Schmelzer y Roman Bürki, por ejemplo, cuentan que todavía se alteran más de lo normal cada vez que escuchan algún ruido fuerte. Roman Weidenfelder dice que el incidente cambió su vida y estuvo en terapia largo tiempo. Para Sven Bender, el atentado influyó en su decisión de marcharse al Leverkusen.

Durante el juicio contra el perpetrador, Thomas Tuchel declaró que el ataque afectó seriamente el rendimiento de sus jugadores y contribuyó a su salida del Dortmund, la cual ocurrió el 29 de mayo de 2017, apenas unas horas después de que el club ganara la Copa de Alemania. Los detalles de la separación no se dieron a conocer. 

Marc Bartra volvió a entrenar 29 días después de su cirugía y jugó su primer partido el 20 de mayo de 2017. A meses del atentado, el policía que resultó herido no había podido regresar a su trabajo.

 

¿El balón debe rodar?
Hasta la fecha, muchos medios de comunicación siguen presentando el ataque contra el Borussia Dortmund como un atentado terrorista, pero en estricto sentido no lo es, porque no encaja en la definición de terrorismo. Si bien fue perpetrado por un actor no estatal en contra de civiles, y ciertamente provocó terror, sus motivaciones no fueron ideológicas, políticas o religiosas.

De acuerdo con la Global Terrorism Database, asimismo, uno de los criterios para que un acto sea calificado como terrorista es que persiga un objetivo político, económico, religioso o social. En términos de objetivos económicos, la búsqueda exclusiva de beneficios no satisface este criterio. Debe implicar la búsqueda de un cambio económico sistémico más profundo.

Por lo anterior es que este incidente no está incluido en nuestro recuento. Sin embargo, le hemos dedicado un espacio porque ha resultado útil para ilustrar el comportamiento de los que dirigen la industria del futbol, y también el de las aficiones, en el contexto de un atentado. Los unos reprobaron; las otras sobresalieron de forma ejemplar.

Cuando la UEFA y la directiva del Dortmund tomaron la decisión de que el partido cancelado se jugara a menos de 24 horas del ataque, todo mundo suponía que se había tratado de un acto de terrorismo, incluyendo a las autoridades, porque tenía toda la pinta. Y probablemente así se le consideró hasta que arrestaron al perpetrador y confesó sus motivos.

Pero terrorismo o no terrorismo, no se debió poner a los jugadores en la disyuntiva de jugar al día siguiente o quedar eliminados de la competencia cuando ni siquiera habían pasado dos horas del ataque. No, no se les debió preguntar si querían jugar. Y no porque no importara su opinión, sino porque se encontraban en mitad de un trance que aún no asimilaban.

Para tener una idea de lo que vivieron los jugadores del Borussia Dortmund, basta leer el testimonio de Nuri Sahin→

Lo que correspondía era darles un poco de tiempo, al menos unas horas más, y al día siguiente verificar su estado mental y emocional, y sólo entonces discutir con ellos lo que proseguía. Los directivos del Dortmund, seguramente también descolocados por la situación, no debieron permitir el ultimátum de la UEFA.

A los seleccionados franceses que disputaron el amistoso contra Inglaterra, cuatro días después de los ataques terroristas a París, en noviembre de 2015, les costó mucho jugar y en realidad no querían hacerlo, porque todavía se sentían tremendamente afectados. Y eso que ellos no sufrieron directamente un ataque. ¿Qué se podía esperar, entonces, de los jugadores del Dortmund?

La UEFA, como organismo rector del futbol europeo, debió tomar una postura en la que prevaleciera la sensatez, el sentido común y la empatía por encima de las demandas de la competencia y las presiones comerciales. La UEFA tenía la obligación de buscar y ofrecer otras alternativas. Porque tal parece que el razonamiento fue que el ataque no había sido gran cosa. Al fin y al cabo nadie murió y sólo un jugador sufrió daños físicos.

 

El dolor, el pánico y la incertidumbre de no saber qué estaba pasando, ni cuánto duraría… fueron los 15 minutos más largos y duros de mi vida.
Marc Bartra, jugador del Borussia Dortmund

 

¿Y qué habría pasado si más jugadores hubieran resultado heridos imposibilitando que el equipo jugara al día siguiente?… ¿La UEFA habría descalificado fría y automáticamente al Dortmund?… ¿O le habría pedido a su directiva que trajera a once canteranos sólo para cumplir con el compromiso?

Si esto le hubiera pasado al Real Madrid de Cristiano Ronaldo o al Barcelona de Lionel Messi, la UEFA jamás habría considerado la descalificación y habría hecho los malabares necesarios con el calendario para que se jugara en las mejores condiciones posibles.

El futbol, escribe Andy Brassell, ama las narrativas redentoras. Y esta, en teoría, reunía todos los elementos para convertirse en una: los aficionados del Dortmund acogiendo en sus casas a los aficionados del Mónaco en un gesto solidario extraordinario y los jugadores que se sobreponen a la desgracia y se erigen en una suerte de héroes por el simple hecho de apersonarse en la cancha. 

No, no hay que ceder ante el terrorismo. Pero tampoco ante la lógica del negocio, los derechos de transmisión, la publicidad, los patrocinadores o el dinero de las entradas. Porque esa codicia también es de terror.

 

10. Entre la cancha y la yihad→

Fuentes→

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