Los que vinieron de otras tierras

De la serie Los otros Mundiales→ 

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Los migrantes y los refugiados no son temas nuevos en lo absoluto, pero en años recientes han cobrado una resonancia exorbitante, tanto en las agendas mediáticas como en las políticas y las gubernamentales, y hoy en día parecen ser el aliento de fuego lanzado por el peor de los dragones. 

Pero es preciso diferenciar entre unos y otros, porque los términos suelen confundirse o utilizarse indistintamente y no son lo mismo. Esta precisión vale para contextualizar los artículos El Mundial de los Inmigrantes de Filadelfia y El Mundial de los Refugiados de Zaatari.

 

 

MIGRANTES  
Personas que deciden libremente trasladarse a otros países por diversas razones, como estudiar, trabajar, buscar una vida mejor o unirse a familiares que han migrado antes. Por lo regular sus motivaciones son económicas. Existen migrantes documentados e indocumentados, pero en cualquier caso deben someterse a un proceso legal para obtener permisos de estancia, residencia o ciudadanía, y siempre pueden volver a su país.

Cualquier persona que se mude de un país a otro se considera migrante a menos que esté huyendo específicamente de la guerra o la persecución. Los países son libres de deportar a los migrantes que llegan sin documentos legales.

Cabe señalar que, en lo cotidiano, cuando se habla de migrantes comúnmente se implica que se trata de indocumentados.

 

REFUGIADOS
Personas que se ven forzadas a huir para salvar sus vidas o preservar su libertad. Generalmente están escapando de conflictos armados, terrorismo o persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas. Lo que buscan en otros países es, pues, seguridad y pueden solicitar asilo político siempre que demuestren que corren peligro en sus lugares de origen. Regresar les implica un riesgo enorme o, las más de las veces, simplemente no es posible.

Los refugiados tienen derecho a protecciones básicas en virtud de la Convención de Refugiados de 1951 y otros acuerdos internacionales. Por ley, los refugiados no pueden ser enviados de regreso a países donde sus vidas se verían amenazadas.

 

A finales de 2018, 70.8 millones de personas habían sido desplazadas por la fuerza alrededor del mundo, incluyendo refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos.

 

Tanto los refugiados como los migrantes indocumentados encarnan realidades complejas y controvertidas. Ambos han dejado atrás su tierra, su historia, sus raíces, llevando consigo no más que unas cuantas cosas. El camino que emprenden nunca es fácil y llegan a un país extraño sin saber lo que les depara el futuro.

Y una vez que ya llegaron, han de enfrentar una serie de dificultades que van desde resolver lo más elemental —techo y alimento— hasta echar a andar por los laberintos de la burocracia para legalizar su situación y poder acceder a empleos formales, servicios de salud, educación.

Y eso, en el mejor de los casos, porque los trabajos ilegales, la trata de personas, la explotación, la indigencia, la delincuencia, la posibilidad de la deportación y la incertidumbre son una constante de su narrativa diaria.

La llegada de unos y otros invariablemente tiene un impacto en el país destino. En lo social, lo económico, lo político, lo cultural, lo demográfico. En menor o mayor medida, para bien y para mal, alteran el statu quo. Si bien es cierto que algunos gobiernos y organismos internacionales cuentan con programas especiales para su atención, también lo es que nunca han sido ni son suficientes.

 

La migración es una valerosa expresión de la voluntad de una persona por superar la adversidad y vivir una vida mejor.
Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, 2006

 

Los indocumentados son, básicamente, visitantes no deseados. Los refugiados gozan de un poco más de empatía y se entiende que necesitan ayuda, pero igual muchos los ven como invitados incómodos. El repudio y los prejuicios, que en los últimos años han sido atizados por los discursos nacionalistas y ultraconservadores, siempre rondan su presencia.

Unos y otros provienen de una realidad que de algún modo los ha rechazado, y se acogen a otra realidad en la que de inicio tampoco caben. Y entonces deben sortear los desafíos que supone una sociedad nueva y una cultura que no es la propia. Y es aquí donde entra en juego el futbol.

Se han realizado multitud de estudios para saber si el deporte en general, y el futbol en específico, ayudan, por ejemplo, a la integración sociocultural, o si pueden servir, otro ejemplo, para contrarrestar la exclusión. Los resultados varían de un caso a otro y de un autor a otro, pero todos le conceden algún beneficio al balón, entre ellos:

Ofrece un lugar de encuentro donde personas con diferentes orígenes pueden reunirse e interactuar

Facilita el aprendizaje del lenguaje local, promoviendo la comunicación y las relaciones interpersonales

Puede ayudar a educar a los nuevos miembros sobre los valores clave de la sociedad

Se trata de un deporte de conjunto, de asociación, que estimula la colaboración con otros, aunque sean desconocidos o provengan de culturas distintas

Actualmente existen muchísimas organizaciones que trabajan con migrantes y refugiados, y que utilizan el futbol como una herramienta para incentivar y desarrollar conceptos como inclusión, aceptación, asimilación, validación, reconocimiento, entre otros.

Un muy buen ejemplo es Soccer Without Borders. En los siguientes dos minidocumentales se puede apreciar lo que hacen, sus alcances, lo que enseñan y logran a través del futbol, así como el impacto en la vida de los migrantes y refugiados que ayudan.

 

Soccer Without Borders (11:00)

Playing for Change (10:00)

 

 

Epílogo: futbol profesional y migración

Aunque la serie Los otros Mundiales está dedicada al futbol fuera de la FIFA, el tema de los refugiados y los migrantes está íntimamente relacionado con el futbol institucionalizado, pues se ha beneficiado con ellos durante décadas, particularmente el futbol europeo. A continuación algunos datos para reflexionar.

Hay ligas que no pueden entenderse sin la presencia de jugadores extranjeros, los cuales, técnicamente, caen en la categoría de migrantes. En la Premier League de Inglaterra, por ejemplo, el 67% de los jugadores son extranjeros y provienen de más de 60 países.

De los 736 futbolistas que participaron en la Copa del Mundo Brasil 2014, el 65% vivían y trabajaban fuera de los países que representaban y sólo el 35% jugaban en el lugar donde habían nacido.

En Rusia 2018, uno de cada 10 jugadores había nacido fuera del país que representó. De los 32 equipos participantes, 22 alinearon por lo menos a un jugador nacido en el extranjero (sin considerar a los futbolistas migrantes de segunda y tercera generación).

Los cuatro equipos que llegaron a semifinales ofrecen datos muy interesantes a este respecto:

El 78.3% de los jugadores de la selección francesa tenían ascendencia extranjera o eran hijos de migrantes/refugiados. El 47.8% lo era en la de Bélgica.

El 15.4% de los jugadores de Croacia habían nacido fuera del país, mientras que 11 de los 23 jugadores de Inglaterra tenían ascendencia africana o caribeña.

Un estudio citado por Associated Press señala que, al examinar 10 años de partidos de la UEFA Champions League, se encontró que los equipos más diversos en cuanto a nacionalidad superaron a los menos diversos.

Aunque organismos rectores del futbol, federaciones, clubes y jugadores a título personal, trabajan o se han involucrado en proyectos y programas a favor de los migrantes y los refugiados, los hijos de la migración y/o la naturalización, directos o indirectos, a menudo son el blanco de los ataques racistas y discriminatorios que plagan el futbol.

 

Si los equipos nacionales muestran unidad en la diversidad, tal vez la sociedad también pueda hacerlo en otros ámbitos.
Laurent Dubois, historiador, Duke University

 

Y hablando de futbol, migración y muros, el caso de jugadores norteamericanos que migran a México:

 

Fuentes: Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, Amnistía Internacional, International Organization for Migration, Organización de las Naciones Unidas, World Bank, Legatum Institute, The Guardian, The New York Times, El País, New Statesman, Sky Sports, The Times of India, The Christian Science Monitor, ABC News, Vox, Telesur, Transfer Markt, 90min, Priceconomics, Pew Research Center.

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