7. Je suis football: Pero no todos los balones son redondos

Nuestros valores europeos son mucho más fuertes que el odio, la violencia y el terror. 
Peter Altmaier, ministro de Asuntos Especiales de Alemania

 

Días después de los ataques a París y de la memorable noche en el Estadio de Wembley, la Ligue 1 de Francia reanudó sus actividades, como estaba programado, aunque todavía con fuertes medidas de seguridad. Los jugadores del Paris Saint Germain (PSG) y del Saint-Étienne utilizaron jerseys especiales para rendir homenaje a las víctimas. Los tributos continuaron en otras ligas.

Para su primer partido en casa, a finales de noviembre de 2015, el PSG no sólo preparó una gran ceremonia, también presentó un video bajo el título Je suis Paris (Yo soy París) que reúne a 52 estrellas del deporte mostrando su respaldo.

Entre las figuras del futbol: David Beckham, Fabio Cannavaro, Edinson Cavani, Angel di Maria, Didier Drogba, Zlatan Ibrahimovic, David Luiz, Paolo Maldini, Lionel Messi, Neymar, Andrea Pirlo, James Rodríguez, Cristiano Ronaldo, Wayne Rooney, Ronaldo, Thiago Silva, Francesco Totti y Zinedine Zidane.

 

 

 

¿Déjà vu?

El 18 de marzo de 2016, el prófugo del Stade de France fue detenido en Bruselas. Y Bruselas, el martes 22, fue atacada por miembros remanentes de la célula terrorista que perpetró los atentados en París. Dos explosiones suicidas en el aeropuerto y, unos minutos después, otra explosión más en la estación de metro Maalbeek. Los caídos: 372.

El terror sacudió de nuevo a Europa. Las alertas de seguridad nacional volvieron a elevarse. Acciones preventivas y de contraterrorismo se multiplicaron de inmediato por todo el continente y más allá. Y el futbol otra vez no fue ajeno a la coyuntura, pero las cosas no se desarrollaron como cuando lo de París.

El congolés Dieumerci Mbokani, jugador en ese entonces del Norwich City FC de la Premier League de Inglaterra, estaba en el aeropuerto al momento de las explosiones: él y su esposa resultaron ilesos.

La selección de Bélgica, en su cuenta oficial de Twitter, publicó el siguiente mensaje: «Nuestros pensamientos están con las víctimas. El futbol no es importante hoy. La práctica se cancela».

El delantero argentino Matías Suárez, que jugaba para el club belga Anderlecht, al día siguiente anunció que dejaría Bélgica al final de la temporada por la seguridad de su familia.

El entrenador de Bosnia-Herzegovina, Mehmed Baždarević, pidió a la Unión de Federaciones Europeas de Futbol (UEFA) que se cancelaran todos los partidos amistosos que se disputarían del 23 al 29 de marzo, pero su solicitud no procedió. En todos esos encuentros, supuestamente, se guardaría un minuto de silencio en memoria de las víctimas de Bruselas.

Dos días después de los atentados, el 24 de marzo, murió Johan Cruyff, legendario jugador holandés, así que el minuto de silencio se convirtió en un homenaje doble. Cuando lo hubo, porque en el Grecia-Montenegro, por ejemplo, no ocurrió. Tampoco en el Turquía-Suecia. Los seleccionados de algunos representativos llevaron brazaletes negros en los brazos, pero definitivamente no fue una constante.

El temor generalizado despertó dudas sobre la Eurocopa en Francia para la que faltaban poco menos de tres meses. Los dirigentes de la UEFA declararon que la competencia y la sede se mantenían, que confiaban en que se implementarían las medidas necesarias para celebrar un torneo seguro y festivo, y que no estaba considerado jugar partidos a puertas cerradas. Sin embargo, como se tomaban muy en serio la seguridad de todos los participantes (jugadores, aficionados, etc.), estaban trabajando en planes de contingencia para situaciones de crisis.

Gobiernos, entidades internacionales, personalidades de todos los ámbitos y público en general expresaron sus condolencias al pueblo belga, condenaron los ataques y mostraron su solidaridad en las redes sociales. Igual que después de los ataques a París, monumentos y edificios emblemáticos en diferentes ciudades del mundo se iluminaron con los colores de la bandera de Bélgica.

.

El medio asociado incómodo

Que no se guardara un minuto de silencio por lo de Bruselas en el partido Turquía-Suecia, el 24 de marzo de 2016, tiene una explicación y un trasfondo. Y es que el caso de Turquía en este contexto es muy particular.

Si bien la mayor parte de su territorio se localiza en Asia, su futbol está afiliado a la UEFA y ha querido ingresar a la Unión Europea desde 2005. Pero su candidatura nunca ha contado con el apoyo unánime de los países miembro ni de los propios ciudadanos turcos, tampoco ha cumplido con los requisitos y las negociaciones se han suspendido varias veces.

Entre el 10 de octubre de 2015 (o sea, un mes antes de los ataques a París) y el 19 de marzo de 2016 (días antes de los ataques a Bruselas) se registraron cuatro atentados terroristas contra civiles en Turquía, tres de ellos reivindicados por el autodenominado Estado Islámico. El saldo conjunto: 843 caídos.

El atentado del 10 de octubre, en la ciudad de Ankara, está catalogado como el ataque terrorista más letal en la historia turca moderna, pues cobró 617 bajas, es decir, más de las que se registrarían en París o Bruselas. No obstante, las muestras públicas de solidaridad, las dinámicas en redes sociales y la cobertura mediática fueron muchísimo menos ruidosas. Y el futbol tampoco se comportó igual.

En esos días (08 a 13 de octubre) se estaban jugando partidos clasificatorios para la Eurocopa 2016, pero todo indica que sólo en dos partidos se guardó un minuto de silencio por las víctimas de Ankara: en el República Checa vs Turquía y en el Turquía vs Islandia. La omisión en el resto de los encuentros no pasó desapercibida.

El 17 noviembre de 2015, en el amistoso Turquía-Grecia, un buen grupo de aficionados turcos abucheó el homenaje silencioso por los caídos en París y se escucharon, además, cantos nacionalistas. El hecho fue ampliamente destacado por los medios y criticado por las autoridades. En ese momento, el mundo entero compartía el duelo con los franceses.

La interrupción bien pudo haber sido motivada por la realidad política, profundamente polarizada, que se vive en el país. Pero la gente común y los aficionados turcos lo interpretaron de otra manera y se volcaron en las redes sociales para manifestar muy claramente su resentimiento.

El abucheo, decían, había sido una protesta contra Occidente y su hipocresía. Una protesta por la indiferencia de las naciones europeas ante la violencia que durante décadas ha sufrido la población turca a manos de grupos separatistas y terroristas. El común denominador en los comentarios era que sus víctimas habían sido sistemáticamente ignoradas, a diferencia de las de París: «¿Cuántos minutos de silencio ha guardado el futbol por los nuestros?»

 

Este es el reflejo de la lógica: no nos muestran la misma sensibilidad, ¿por qué nosotros deberíamos mostrarles esa sensibilidad?
Ahmet Talimciler, sociólogo y columnista del periódico Hurriyet

 

Ocho días antes de los ataques a Bruselas, el 13 de marzo de 2016, se registró un atentado, también en la ciudad de Ankara, que dejó un saldo de 164 bajas y en el que murió el padre de Umut Bulut, delantero turco del Galatasaray. El señor Bulut iba de regreso a casa después de haber visto jugar a su hijo en un partido contra el Gençlerbirliği.

En el partido Turquía-Suecia, pues, el 24 de marzo, ni siquiera se mencionó lo acontecido en Bélgica. Acá, los jugadores turcos desplegaron una manta con la leyenda Patria indivisible, y sobre el césped había otra manta en la que se podía leer Unidos contra el terrorismo.

 

Es muy fácil ver los ataques terroristas que ocurren en Londres, Nueva York o París y sentir dolor y tristeza por las víctimas, ¿por qué no es lo mismo para Ankara?
Fragmento de un mensaje escrito en Facebook por James Taylor, músico británico, el 13 de marzo de 2016

.

No más que un partido de futbol

Una semana después de los atentados a Bruselas, el 29 de marzo de 2016, la selección de Bélgica recibiría a la de Portugal. Aunque la prensa reportó que el entrenador y los seleccionados belgas querían cumplir con el compromiso, el partido se canceló porque la alerta de seguridad nacional se había elevado a su máximo nivel. La Federación Portuguesa de Futbol ofreció una alternativa: jugar en Leiria, mismo día, misma hora.

 

Lo importante es la señal que da este partido y la señal es que el futbol no tiene miedo, la gente no tiene miedo.
Fernando Santos, director técnico de Portugal

 

Teníamos, otra vez, un país europeo golpeado por el autodenominado Estado Islámico, y su selección de futbol en vísperas de un amistoso internacional. En esta ocasión, sin embargo, no se produjo ningún performance.

La transmisión por televisión y en línea fue increíblemente limitada. El presidente y el primer ministro de Portugal se encontraban en un palco, pero no hubo grandes banderas en el campo ni banda de guerra, coro u ofrendas florales. La única novedad fue que los titulares de ambas selecciones saltaron a la cancha intercalados y así se formaron.

El espíritu general era mucho menos emotivo y solemne que en el Estadio de Wembley. Algunos aficionados llevaban pancartas solidarias y banderas del país visitante, pero el negro, el amarillo y el rojo no tapizaban las tribunas. La gente tampoco cantó La Brabanzona, el himno nacional de Bélgica: su letra, que puede ser en francés, como La Marsellesa, no se estaba mostrando en ninguna pantalla.

Cada escuadra fue fotografiada por separado. Para el minuto de silencio, perfectamente respetado (eso sí), la formación fue la que se acostumbra en esos casos: antes del silbatazo inicial, los jugadores de cada equipo abrazados y los equipos uno frente al otro en el centro del campo.

Los seleccionados belgas portaron una especie de sticker en las playeras de calentamiento y las respectivas bandas de luto para el partido. Los de Portugal, nada. Bélgica, equipo que en ese momento era el líder en el ranking FIFA, perdió el encuentro 2-1.

 

 

Si los antecedentes eran básicamente los mismos, ¿por qué este juego no se manejó del mismo modo que el Inglaterra-Francia? Las razones pueden ser muchas. Me aventuro con algunas:

La premura en el cambio de sede. El nivel de noticiabilidad de los hechos. No todas las selecciones tienen el mismo rating. No todos los países tienen la misma alcurnia. La cobertura no sería igual.

Los gobiernos y las relaciones diplomáticas Bélgica-Portugal no son como las de Francia-Inglaterra. La idiosincrasia de belgas y portugueses no es como la de los franceses o los ingleses. Bélgica y Portugal no representan para el mundo lo mismo que representan Francia o Inglaterra.

Los poderes consideraron que el mensaje ya había sido transmitido y no quisieron redundar. La misma puesta en escena ya no tendría el mismo impacto mediático. El futbol no tiene tanto arraigo y significación en la cultura de Bélgica como en la de Francia.

La celebración del Inglaterra-Francia había servido, entre otras cosas, para sosegar la inquietud y la ansiedad, proyectar la unión de la gente, manifestar la alianza de los gobiernos, expresar la fortaleza trasnacional frente al terrorismo.

Pero en el Bélgica-Portugal, el futbol, a pesar de haber demostrado su extraordinario valor como símbolo e instrumento sociopolítico, no fue más que simple y llanamente futbol.

 

8. Je suis football: Futbol en estado de emergencia→

Fuentes→

 

Los comentarios están cerrados.

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑