Eliminatorias Brasil 2014: México, el poder de las palabras

El 23 de agosto de 1997, en las lejanas tierras de Williamsport, Pensilvania, en los Estados Unidos, se celebró la final de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas de Béisbol entre México y EUA, representados por los equipos infantiles Linda Vista de Nuevo León y South Mission Viejo de California, respectivamente.

En la última parte de la última entrada —la baja de la 6ª—, los mini aztecas perdían 4-1, pero de manera sorpresiva lograron igualar el marcador 4-4. En ese momento, mamases, papases y parientes que estaban en la tribuna comenzaron a corear un grito bravo y animoso para alentar a los peques, pues con sólo una carrera más México podía coronarse campeón.

El desenlace es recordado históricamente por dos razones:

1. Diez minutos después de empatar, los chiquitines regiomontanos, de entre 11 y 13 años, consiguieron el dramático campeonato con un 5-4 emocionante y emotivo.

2. El grito colectivo de apoyo proferido desde las gradas mexicanas se hizo legendario y desde entonces se convirtió en una suerte de mantra que suele utilizarse para invocar el triunfo deportivo. Dicho grito era, ni más ni menos, el muy internacionalizado ¡SÍ SE PUEDE!

Se dice que la frase tiene un antecedente en el ámbito político: los sindicalistas y activistas de derechos civiles César Chávez y Dolores Huertas, ambos mexicano-estadounidenses, popularizaron un ‘yes we can’ en 1972.

Esta anécdota beisbolera vino a mi memoria por una conversación, vía mensajería instantánea, que sostuve con mi muy querido amigo Marcos, a propósito de los próximos partidos de nuestra vapuleada selección nacional:

Él me preguntó: Qué dices, ¿vamos al Mundial?. Yo le salí con un rollazo dubitativo que concluía con un Se me hace que no, manito.

Ignorando olímpicamente mis vacilaciones, él me devolvió un ¡¡¡Sí se puede!!! (así, con 3 signos de admiración)

Al leer su respuesta, no pude sino sonreír. Lo conozco y sé que su expresión fue sincera: él no es un fanático enceguecido,  no es de supersticiones y no se le da el patrioterismo de ocasión. Me gustó su entusiasmo y convicción, y confieso que lo envidié un poco, porque yo últimamente he perdido el optimismo y la confianza en el Tri.

Su servidora les ha gritado a los muchachos un montón de cosas, pero nunca un Sí se puede, ni en el estadio ni frente al televisor. La frase se me hacía chocante y me parecía que entrañaba un derrotismo anticipado, en una línea muy similar a la manifestada por el maese Juan Villoro:

 

El grito de guerra de la selección mexicana es: «Sí se puede». Como lo esperado es la derrota, no basta con decirle a los nuestros que los queremos y son fantásticos: hay que revelarles que la realidad incluye la ignorada posibilidad del triunfo.

 

Sin embargo, ahora que leí a mi amigo, me puse a buscar el video de aquella gloriosa 6ª entrada de la Little League World Series 1997 para revivir el surgimiento del mentado grito y tuve oportunidad de apreciar tres detalles:

Primero. A pesar del marcador en contra, el dugout mexicano no estaba vencido. Los niños se animaban unos a otros con un ímpetu fresco, como si no tuvieran casi tres horas jugando, y con una ilusión decididamente encantadora que ya muchos quisieran. Cuerpo técnico y seleccionados: ahí les hablan.

Segundo. La gente gritaba el ¡Sí se puede! no como un simple anhelo en sonsonete autómata sino como una poderosa certeza que se imponía a los contrincantes. Banda que va al Azteca hoy en la noche: chéquense el dato de entonación, por favor.

Tercero. El niño que anotó la carrera del triunfo corrió por su vida, se lo juro. Porque existía la posibilidad de que lo pescaran en el camino, pero él se dejó ir con todo. En su cara se notaba el esfuerzo extraordinario y sus ganas vehementes por llegar a home. Seleccionados: ahí les hablan de nuevo.

Mucho hemos escrito, analizado, comentado y discutido en este espacio sobre la actuación de la selección nacional: que si lo técnico, que si el talento, que si los jugadores, que si los directivos, que si esta o aquella alienación. Y esta semana me la he pasado francamente en el ácido, haciéndome cruces con la lista de convocados de Víctor Manuel Vucetich.

Pero, después de tan linda recuperación anecdótica, hoy quiero mirar el partido contra Panamá con el mismo espíritu de las mamases de los niños beisbolistas y me uno desde ya al ánimo de mi amigo.

No soy mujer de fe, pero sé desear mucho, de corazón. Y es mi genuino deseo que hoy el Tri gane: Sí, se puede.

¡VAMOS, MÉXICO!

Un comentario sobre “Eliminatorias Brasil 2014: México, el poder de las palabras

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  1. Caray, para estas fechas ya la selección debería tener asegurado su pase, pero el hubiera no existe. Solo por hoy vamos a unirnos en el mantra colectivo:

    SI SE PUEDE
    SI SE PUEDE
    SI SE PUEDE

    Y también comparto lo del maese Villorio,

    PD1. Estimada Flak, hoy inician serie por el título de la Nacional Dodgers vs. Cardinals, fanáticos del beis ya inicio la mejor época del año.
    PD2. Futbología ofrece descuento a los que trabajamos en el mismo lado que Ms. Beer.

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