Mundial Sub-17: México, querido campeón

Julio 11, 2011
Carta abierta a los miniseleccionados
sub-17 de México, campeones

 

Entrañables peques:

Hace unos días despertaron con un sueño común y hoy su sueño es una realidad. No fue por obra de los astros o los santos. Tampoco a causa del destino o el azar. Nadie les regaló nada. Lo consiguieron solitos. Sí, desde el domingo y para siempre, son ustedes los campeones del mundo.

Las felicitaciones, los cumplidos y los reconocimientos no han dejado de diluviarles. Aparecieron en todas las portadas alrededor del planeta y colmaron las redes sociales. El presidente los recibió en su casa, el jefe de gobierno los invitó a su oficina. Todos quieren su autógrafo o su foto, todos quieren estar cerca de ustedes. Por supuesto. Empápense de gloria. Disfrútenla. Porque se la merecen toda. Porque este es su momento.

Aunque redundaré un poco en lo que ya se ha dicho sobre ustedes, sus méritos se amontonan:

1. De inicio, lo inédito en la categoría: fueron los mejores como equipo y también a nivel individual, y los únicos anfitriones campeones. Además, se coronaron invictos —resalto que este invicto no incluyó ningún empate—, y son la única selección mexicana que ha levantado el máximo trofeo en el Azteca.

2. Algunos destacaron más que otros: el Espiri, la momia Gómez, el güero Fierro, el capitán Pollo, Pollito, Gallazo. Siempre pasa. Sin embargo, ustedes validaron lo más elemental: el juego de conjunto, que es de lo que se trata esto: las figuras —o figuritas en su caso— no sobresalen si no están acompañadas, soportadas, por el equipo (créanme, de ello cojean grandes selecciones). Y este equipo, su equipo, se desempeñó bien. Con errores y fallas, pero también con mucha alegría, con audacia, con avidez, con solidaridad.

3. Okey, traían futbol. Pero a veces, ya lo hemos sufrido, eso no es suficiente. A veces eso no basta para ganar y entonces se necesita de algo más. Algo que no está en los libros y que no se puede enseñar en el pizarrón: la fortaleza mental. La garra como decimos acá mero en CU.

Tuvieron la capacidad de crecer a lo largo del corto torneo y fueron de menos a más. En preparatorios, apenas unos días antes de que arrancara la Copa, se enfrentaron a Francia y Uruguay. Con los galos empataron, los charrúas me los golearon. No obstante, ya en competencia, ustedes se los despacharon a ambos. Y qué berrinche le hicieron pegar a los holandeses.

La máxima demostración de su temple, sin embargo, la veríamos en aquel fantástico partido contra Alemania. Ahí probaron de qué estaban hechos. Y ahí lograron que el país volteara a verlos y que quisiera verlos más. No sólo por llegar a la final, sino también por la forma cómo llegaron a ella.

4. Con su triunfo le dieron un respiro feliz a millones de personas. Es controvertido, pero cierto. Fugaz, pero real. Sí, así de necesitados estamos de buenas noticias y contentos. Al menos por un día, quizá dos, la primera plana mostró una imagen agradable y limpia. Al menos por un día, quizá dos, la nota más importante no tuvo que ver con muertos, narcotráfico o porquería política. Al menos por un día, quizá, dos, se habló de México de una manera distinta.

Pero para mí, su mayor virtud radica en algo que quiero explicar con una anécdota que viví el domingo, en las tribunas del estadio Azteca:

A un costado de nosotros, un par de asientos más allá, había un pequeñito muy simpático. Tiene cuatro años, según me dijo su joven papá. Iba muy uniformado con playera de la selección mexicana y banderita pintada en el cachete.

Cuando ustedes saltaron a la cancha, esa pingüica llevaba poco más de cuatro horas en el estadio. Pero no crean que estaba aburrido o enfadado. Para nada. Y tampoco piensen que durante su partido anduvo pajareando o dando lata. En lo absoluto. Estuvo atentísimo: aplaudió lo que había que aplaudir y abucheó lo que había que abuchear. Los piececillos le quedaban muy lejos del suelo, pero había que agarrarlo en los momentos emocionantes o en el festejo de los goles para que no saliera volando hacia las filas de abajo en su frenesí. Es un bárbaro.

Todavía no va a la escuela, ni siquiera habla del todo bien y, sin embargo, sabía perfectamente sus nombres. Su grito de ¡México!, mención aparte, era de un apasionamiento envidiable. Cuando el árbitro silbó el final del encuentro, no había sino ilusión y admiración en su carita. Y esa imagen fue conmovedora y poderosa.

Hoy, mañana, ese chiquito, como muchísimos otros niños en este país, va a patear un balón de futbol jugando a que es uno de ustedes. Hoy, él y otros quieren ser como ustedes, y quieren hacer lo que ustedes hacen. Seguirán los Chicharitos, claro, pero ahora también habrá Fierritos, Buenitos, Gonzalitos, Briseñitos

Ya me tocó escuchar a los primeros, acá mismo en el jardín: ¡Noooo, así nooo! —le gritó un niño a su amigo— ¡Tírate como la Momia Gómez!… Menuda petición. No pude sino sonreír.

Eso, a mi buen entender, se llama inspirar. Ya dejaron su semillita como quizá otros, antes, sembraron en ustedes. Porque no me cabe la menor duda: ustedes florecieron futbol.

Me pregunto si ya les cayó el veinte. Me pregunto si tienen idea de lo que han hecho. A mí, por lo pronto, me re-que-te-confirmaron mi amor al fut —y miren que este amor luego es muy perro e ingrato—. Fue un gustazo verlos jugar. Fue una experiencia increíble verlos ganar en el Azteca. Nos llenaron de orgullo. Gracias.

Jugadores de la selección mexicana sub-17, campeones: conquistaron su lugar de oro en la historia deportiva de México y del mundo, y así serán recordados.

Sea.

2 comentarios sobre “Mundial Sub-17: México, querido campeón

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  1. México campeón del mundo, suena raro, pero estos chamacos lo hicieron realidad, y si tienes mucha razón, estos chavos se convertiran en inspiración pura, esta generación tenía 10 años y 11 años cuando se gano la copa en Perú, y su primer seleccionador fue Jesús Ramírez, inspiración más trabajo les ayudo a alcanzar la meta más alta, cuando nadie creia en ellos. ¡Felicitaciones a todos ellos!

    Y si, por un día la nota era solamente futbol. Brindemos por eso.

  2. ¡¡MEXICO, MEXICO, RA, RA, RA!!

    De verdad que estos muchahos nos hicieron vibrar de emoción. Una muestra de que la dedicación el esfuerzo la disciplina y trabajo en equipo logró que su sueño se hiciera realidad. Que bueno que estos chicos con su triunfo han sembrado muchas semillas en nuestros peques.. Salud!

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