Y que retiemble en su centro la tierra: los fundamentos del mexicanazo olímpico

Después de la parranda de tres días que nos agarramos y ya que las aguas festivas regresaron a la calma, ahora sí, con la cabeza sobria y ecuánime, le compartimos nuestro muy avezado análisis de cómo la Serpiente Emplumada se zumbó a José Carioca.

El pase de la selección mexicana sub-23 a la gran final y la subsecuente consagración frente a Brasil fueron sorpresas mayúsculas para no pocos incredulotes y resabiados. Pero, para ser justos, no debió ser así, o por lo menos no tanto, porque los chavos ya habían acusado calidad individual y colectiva, y muchos de ellos estuvieron en los representativos que labraron con victorias irrefutables el camino hasta Londres:

Medalla de Oro en Juegos Panamericanos
Campeón Preolímpico Concacaf
Campeón Torneo Esperanzas de Toulon

Pero claro, si la burra no era arisca… Pus a mí estos me gustan pa medalla, recuerdo que le dije muy campechana a mi abuelo, antes de que iniciaran las Olimpiadas. ¡Noooo, cómo crees!, contestó él, mirándome como si estuviera borracha, pacheca o loca. No lo culpo en absoluto. Los descalabros del futbol nacional a lo largo de su historia nos acostumbraron a quedarnos en el ya merito y a irnos temprano de las fiestas grandes.

Debo decir que el proceder de este Tri pudo abonar en la duda generalizada y también en la mía-de-mí. No era que los chamacos empezaran propiamente mal sus torneos y partidos, pero de entrada nunca eran brillantes ni rotundamente convincentes. Les llevaba su tiempito evolucionar, como que su juego se cocinaba a fuego lento y su futbol siempre iba de menos a más. Puede que de repente se colgaran, pero seguro respondían. Así fueron siempre.

Ora, amén del talento netamente futbolístico, creemos que hubo varios factores que hicieron posible el mexicanazo olímpico. Ahí le van, sin ningún orden especial:

La constancia en la alineación. A diferencia de otros directores técnicos, Luis Fernando Tena no le anduvo jugando al visionario peyotero experimentando con onces quiméricos en los partidos decisivos. Sí, hubo algunos cambios, pero sobre una base probada que se conocía y que había dado buenos resultados.

Los refuerzos atinados. Muy bien escogidos y más que cumplidores. Estos no fueron a pasearse, le dieron razón a su convocatoria y apuntalaron correctamente al equipo:

Corona tuvo intervenciones bárbaras y, sin duda alguna, fue pieza clave. Digo, 339 minutos sin recibir gol no es cualquier cosa. O sea, había seguridad en la portería.

Peralta, aunque le costó llegar a su nivel, chambeó un montón en la asistencia y la retención del balón, por ejemplo, y además de un golezote, en la final anotó los dos tantos que significaron la coronación. Lo dicho: Santo Oribe de la Laguna.

Giovanni se puso con tres goles y Salcido, quizá el menos lucidor por su posición, aportó experiencia en el medio campo.

La preparación física sobresaliente. Muchos de los rivales que enfrentaron, para no variar, eran más altos, más fuertes y también por ahí más veloces, pero no les duraba el pulmón. Nuestros jugadores, en cambio, presumieron aguante de largo kilometraje con el motor intacto. Nunca les faltaron piernas ni aliento. Como que no se cansaban, oiga, cual Tamagotchis.

La capacidad para aprender y corregir. Se lo voy a simplificar así: Japón se las aplicó una vez, pero no dos. Les ganó en amistoso previo, pero no en la semifinal. Quienes seguimos de cerca a esta selección por sus diferentes competiciones pudimos apreciar correcciones y ajustes de un partido a otro, de un primer tiempo al segundo e incluso en el transcurso de un solo periodo. O sea, aprendían del error, de la derrota y de sus actuaciones flojas.

Y es preciso reconocer que el Flaco Tena también corrigió la dirección: nada que ver con el futbol encogido que se presentó en Copa América.

Los torneos preliminares. La participación de casi los mismos jugadores en Panamericanos, Preolímpico y Toulon, y nueve de ellos también en Copa América, en menos de un año, necesariamente repercutió para bien. Verse sus caritas tan seguido y competir juntos con frecuencia…

Les permitió compenetrarse en el juego de unos con otros, crear su estilo y fraternizar como grupo, lo que suele derivar en unidad, confianza y certeza a la hora de la verdad.

Por el otro, les proporcionó, sobre todo, acondicionamiento mental para la competencia. En ese aspecto se veía que estaban siempre al tiro y en ritmo. Tranquilos y seguros, aun en los momentos críticos. Los nerviosos y recelosos éramos nosotros.

La disciplina en la cancha. ¿Cuántas veces los vio reclamarle al árbitro o reclamarse unos a otros?, ¿cuántas veces los vio bronquearse con los contrarios?, ¿cuántas veces los vio cometer falta desleal o vengativa, a pesar de que se los sonaron?, ¿cuántas veces los vio tirarse clavados o hacer teatros?

La consciencia de sus facultades y la sensatez. A mí me pareció que los jugadores estaban conscientes de sus virtudes, pero también de sus carencias y limitaciones, juntos y por separado. Sabían lo que podían y lo que no. Rara vez los vimos aventarse como el Borras o arriesgarse como kamikazes o mandar al compañero a la guerra sin fusil. Jugaban alternativas muy aterrizadas aunque no siempre nos gustaran.

La complicidad del compromiso. Los chavos estaban bien comprometidos. Pero no con México ni con los mexicanos ni con las instituciones ni todos esos rollos. Estaban comprometidísimos consigo mismos, con sus compañeros y con el equipo que habían formado. La disposición, la voluntad y la solidaridad colectivas por encima de las individualidades eran evidentes.

La personalidad que desarrolló el conjunto. El equipo demostró clase, modestia y carácter, mucho carácter, combinado con cierto desparpajo propio de la juventud: poco o nada le espanta o inquieta, no se complica, todo se le hace fácil.

De manera muy personal quiero decir que a mí esta selección me gustó por su llaneza. Es decir, no era avasalladora, pero tampoco la mártir que tenía que luchar siempre contra corriente; no era perfecta, pero lograba arañar la excelencia; no era espectacular, pero sí espectacularmente perseverante; y era más bien discreta en sus triunfos, pero al final consiguió la hazaña histórica e inédita que asombró al mundo.

Obviamente, en algunos de los puntos antes mencionados está implícito el reconocimiento al trabajo del cuerpo técnico y al Chepo de la Torre. 

Por lo que respecta a los jugadores, me resulta muuuuy difícil destacar a alguno, porque todos, toditos, pusieron su granito de arena y cada cual tuvo sus momentos durante el torneo, ya fuera como titulares o suplentes. Sin embargo, muy acá entre nos, confieso que hubo tres que me llenaron particularmente el ojo:

Mier. Consentidazo que estuvo impecable en la central. Atentísimo siempre el Hiram. Y se planta, defiende y barre como gente grande. 

El Chatón. Híjoles, lo que le falta de cabellera le sobra de corazón, de veras. Y mire, a veces es como atrabancado y toscón, pero cómo joroba a los rivales… ¡lo detestan!

Aquino. Chaparrito, pero pícaro y picoso de juego. Aunque tuvo sus bajones, fue emocionante verlo por la banda, desequilibrante y vertiginoso.

¿Qué ondas, Chepo?… Estos tres a la mayor, ¿no?

Y quiero aprovechar este bonito espacio de expresión para extender felicitaciones a aquellos que no llegaron a Londres, como Alan Pulido o David Cabrera, entre otros, porque ya nadie se acuerda de ellos y como sea también contribuyeron a la preparación y a la consecución del boleto.

Me va a disculpar, pero no voy a entrar al detalle de Brasil. Simplemente no pudo, porque artillería pesada sí que traía. Lástima, compitas, ahí pa la otra.

Es curioso. Perder contra Brasil como que siempre se justifica de algún modo y solemos decir: ¡Pus es que era Brasil, mano!… Y vencerle como que siempre engrandece el triunfo: ¡Le ganamos a Brasil, güey, a Brasiiiil!

El mexicanazo, pues, no fue un chiripazo ni un milagro guadalupano. Fue un proceso, una suma, un resultado. Y Pelé y los malinchistas y todos aquellos que se atrevieron a cuestionarlo o subestimarlo, la neta es que son unos envidiosos, amargados, cortos de vista y criterio.

Porque en tan sólo 10 meses, nuestros seleccionados sub-23 ganaron cuatro títulos al hilo, incluyendo el glorioso oro olímpico. Y eso es, simplemente, irrevocable.

Por aquí nos estamos leyendo, banda.

 

Apunte agregado

Qué triste que jugadores como Andrés Guardado y Guillermo Ochoa hayan hecho comentarios tan chafas. O sea que en tu opinión, Andrés, los partidos y triunfos de Copa Oro, por ejemplo, no valen porque entre los adversarios no estuvieron Iniesta, Messi o Ronaldo. Y tú, Guillermo, no fuiste a JJ OO porque tu nivel es muy superior al de Corona, ¿no? Es bueno saber bajo qué parámetros quieren ser medidos. Ojalá sus desempeños próximos estén a esa altura. Nunca me esperé que otros seleccionados nacionales menospreciaran el logro de la sub-23. Ni al caso que dijeran cosas como esas cuando era el momento de los chavos y lo que correspondía era apoyarlos y felicitarlos, nada más. Muy mal ustedes. Super tache.

6 comentarios sobre “Y que retiemble en su centro la tierra: los fundamentos del mexicanazo olímpico

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  1. Como siempre puntuales tus comentarios y llenos de razon. Ahora solo para agregar algo, Salcido lo eligio el flaco Tena provocado por la lesión de Cabrera en el preolimpico, la idea primaria era la de llevar a Moreno y que jugara junto a Mier, se te iba a cumplir tu deseo, pero la lesion de Cabrera movio todo y adcionalmente la negativa de Jonah Dos Santos para acudir cambiaron la prioridad a la media cancha, y por eso optaron por Salcido.
    Creo también que mucho tuvo que ver la disciplina que se implento en el grupo, y este proceso significo una revancha para muchos de ellos. Los suspendidos por el «suripantagate» de Ecuador tuvieron un segundo chance de hacer las cosas bien y Corona ya vio que las terapias de control de ira si funcionan.
    Por último, con este resultado las piñas se ponen a peso. Ahora la competencia por un puesto en la mayor se va a poner muy interesante e intensa, como bien señalas algunos ya se merecen su chance en la mayor, y ahora el problema no va a ser «solo puede jugar fulano» sino que hay varias opciones. La defensa Mier le va a apretar a Moreno y al Maza; Aquino le hara mucha competencia al Dinamita Barrera; Jimenez o Vidrio en estos momentos pondrian en la banca a Efrain Juarez. La delantera creo que estara muy peleada y al que veo mas debil es a De Nigris, aparte de ser el mas veterano, pero Oribe, Chicharito y Vela van a pelear lugares a eso hay que agregarle a Nery Castillo que yo creo que va a agarrar un segundo aire.

    1. jajajajajaja, cada vez que mencionas a las suripantas me da ataque de risa!

      ps por mí el Jona se puede ir de vacaciones permanentes, pero sí, la lesión de nuestro pumita modificó el esquema

      y el partido MEX-EUA puso de manifiesto, precisamente, qué tan de a peso van a estar las piñas, más les vale a los de la mayor ponerse abusados o los van a ir mandando a la banca

      saludos!

  2. Al hablar de los chamacos en tu excelente y bien documentado artículo, obviamente te estas refiriendo a los chamacos del équipo Guadalajara, que sin lugar a dudas fueron los artífices de la victoria. Tan es así, que ha pesar de las muchas ofertas que recibieron para jugar en equpos europeos, prefieren jugar para el glorioso equipo del Guada.

    1. mi querido eric, con todo el dolor de mi corazón, debo precisarle algunas cositas…

      -su Guada adorado aportó 4 jugadores a la selección olímpica, la cual se conformó de 18, osease que los artífices de la victoria fueron más que sólo los chivas

      -de esos 4, 2 vieron acción regular, 1 era más bien de cambio y el otro namás entrenó y acompañó en la banca

      -los 2 más destacaditos, Fabián y Enríquez, no es que no quieran jugar en el extranjero, sino que el dueño de su equipo ya dijo: naranjas que los vendo!

      😀

      qué gusto que nos haya visitado por acá!
      un abrazo!
      .

  3. nuevamente agradeciendo tus experimentados comentarios, y ratificando que los resultados obtenidos no son gracias a la casualidad, a la suerte u oraciones de los mexicanos, es resultado a que por fin escucharon los gritos de no contratar extranjeros para el equipo técnico y a que sacaron de las canteras a los muchachos con todas las ganas de trabajar y sed de triunfos, porque en méxico existe excelente materia prima y lo demustran todos los mexicanos en el extranjero.

    Un abrazo 🙂

    1. recuerdo un viejo comercial de tv en el que un señor se preguntaba: somos 100 millones de mexicanos ¿¿y no podemos encontrar 11 que jueguen bien al futbol??

      aquí está la prueba de que sí!… y definitivamente son más de 11

      si como país no creemos y apostamos por los jóvenes, en cualquier ámbito, entonces estamos muy perdidos y muy jodidos… oooops! discúlpeme la expresión, damita 😉

      saludos!

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