I
El 1 de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. El pasaporte de México al primer mundo, según el presidente Carlos Salinas de Gortari. En esa misma fecha, sin embargo, el país amaneció con una noticia muy diferente: en Chiapas, un numeroso grupo de indígenas encapuchados se había levantado en armas, declarándole la guerra al gobierno federal. Era el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Chiapas, en aquel entonces y probablemente aún ahora, era uno de los estados con mayor población indígena y el que registraba los índices más elevados de pobreza, analfabetismo, desnutrición y desigualdad.
El EZLN, que se constituyó en 1983, en la Selva Lacandona, es una organización político-militar formada casi en su totalidad por hombres y mujeres tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames y zoques.
Su lucha, fundamentalmente, es por el reconocimiento de los derechos de los pueblos indios, pero también por la reivindicación de las más elementales demandas sociales para todos los mexicanos: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.
El proyecto e ideario zapatistas, progresistas e innovadores, muy pronto encontraron eco y simpatías a escala planetaria, sorprendieron a la intelectualidad y le dieron una lección a la clase política, tanto de México como del mundo, convirtiéndose en un referente global del activismo, la sociedad civil organizada y el movimiento altermundista.
Hasta 2014, el Subcomandante Insurgente Marcos, un hombre de origen mestizo, se desempeñó como su jefe militar, vocero y gran estratega de una comunicación que provocó un impacto inédito —y no pocas ámpulas— a nivel nacional e internacional.
Contrario a lo que mucha gente piensa, aunque la historia oficial apenas lo reconoce y pese a que desde 2001 ya no ocupa las agendas políticas y mediáticas, el EZLN sigue existiendo, trabajando y luchando por un mundo mejor, desde los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas.
II
Y no obstante la miseria, en los territorios zapatistas también se juega al fut. Allá, en una de las esquinas de este país, abajo y a la izquierda, muy lejos del futbol-espectáculo.
El encuentro histórico
El 15 de marzo de 1999 se celebró un partido, por demás sui generis, entre un equipo del EZLN y otro de exfutbolistas profesionales mexicanos, encabezados por Javier El Vasco Aguirre, que en aquel entonces dirigía al Pachuca y que fue quien organizó el encuentro.
El duelo, que se llevó a cabo en el estadio Jesús Palillo Martínez de la Ciudad Deportiva, en la Ciudad de México, fue posible porque una delegación de zapatistas había salido de la selva chiapaneca para promover la Consulta Nacional sobre Derechos y Cultura Indígena.
Aguirre cuenta que los insurgentes llegaron al campo con botas militares, por lo que tuvieron que prestarles zapatos de futbol, y que no quisieron quitarse el pasamontañas para jugar.
El marcador final cerró 3-5 a favor de los exfutbolistas: «No perdimos, nos faltó tiempo para ganar», escribió el Subcomandante Marcos para justificar, en tono de broma, la derrota heroica de los zapatudos.
Internazionale zapatista
El Inter de Milán se solidarizó con el EZLN en 2004. Los zapas recibieron balones, camisetas, el jersey de Javier Zanetti, una ambulancia y cinco mil euros que sirvieron para comprar medicinas, apoyar a un hospital y ayudar a la reconstrucción de una comunidad y un acueducto.
El dinero era producto de las multas que los jugadores pagaban por llegar tarde a los entrenamientos o hablar por teléfono celular cuando no debían. Zanetti, en ese entonces capitán del equipo, fue uno de los principales promotores de las acciones solidarias y Bruno Bartolozzi, director organizativo del Inter, visitó Oventic, Chiapas, para entregar los donativos.
Creemos en un mundo mejor, no globalizado sino enriquecido por las diferentes culturas y costumbres de cada pueblo. Es por ello que queremos apoyarlos en esta lucha por mantener sus raíces y pelear por sus ideales.
Javier Zanetti
En 2005, el Subcomandante Marcos y Massimo Moratti, presidente del club, intercambiaron correspondencia. El portavoz rebelde envió una carta al magnate italiano para agradecer el apoyo recibido y retar a los nerazzurri en un partido amistoso. Moratti le contestó aceptando:
Cada revolución comienza en la propia área de penalti y finaliza en la puerta adversaria.
Entonces Marcos, en su carta respuesta, le propuso una serie de siete partidos, cada uno con propósitos muy precisos y significativos. Como que lo recaudado en taquillas se usara para ayudar a los indígenas desplazados por los paramilitares en los Altos de Chiapas, a los presos políticos en México, a los indocumentados en Estados Unidos y a los migrantes criminalizados por la Unión Europea.
Entre las sedes mencionaba el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, el País Vasco y Guantánamo, Cuba. Sugería que Maradona, Javier Aguirre, Sócrates y Jorge Valdano fueran los árbitros, y que Eduardo Galeano y Mario Benedetti comentaran la transmisión a través del Sistema Zapatista de Televisión Intergaláctica. La selección encapuchada incluiría hombres y mujeres, y el trofeo a disputar sería El Pozol de Barro.
Con todo esto (y algunas otras sorpresas) tal vez revolucionaríamos el balompié mundial y, entonces, tal vez, el futbol dejaría de ser sólo un negocio y sería, otra vez, un juego divertido. Un juego hecho, como usted bien lo dice, de sentimientos verdaderos.
Subcomandante Insurgente Marcos
Nadie entendió esa carta: el 98% de los medios la interpretaron y la reportaron (aún hay quien lo sigue haciendo) como una propuesta deportiva formal, que por supuesto era ficticia, lo que evidenciaba su total falta de conocimiento sobre el conflicto, el movimiento, el discurso zapatista, la personalidad de Marcos y su estilo literario.
En realidad se trataba de uno de sus acostumbrados textos políticos, lleno de metáforas, guiños retóricos y acentos humorísticos, con un trasfondo crítico tan mordaz como sensible, bajo el pretexto del futbol. Se trataba, pues, de una propuesta simbólica para enmarcar un saludo y ratificar el vínculo fraterno entre el Inter y el EZ.
Me siento honrado. Más allá de sus necesidades, tenemos enfrente a gente que desarrolló un sistema muy adelantado. Tienen orgullo (…) La cosa más importante es que la relación entre el Inter y los indígenas es una relación de pares. Nosotros damos, pero recibimos mucho más.
Massimo Moratti
Obviamente, no se realizó ningún partido, pero el Internazionale Milano siguió apoyando a los niños y las niñas zapatistas, a través de su proyecto social denominado Inter Campus, cuyo objetivo es utilizar el futbol como una herramienta educativa que permita devolverle el derecho al juego a los niños.
El deporte es vital aquí en las montañas y el futbol no sólo es una disciplina deportiva, sino también una forma de vida, una filosofía que va más allá del campo: la unidad, la humildad, el desinterés, la amistad, el coraje, la generosidad y el respeto a tus compañeros de equipo son algunas de los principios fundamentales. Aquí el equipo y el grupo es más importante que los individuos.
A Inter Campus le gustaría rendir homenaje a todos los niños, pero especialmente a las niñas Nerazzurri que aman el baloncesto, pero también el futbol y pelean todos los días sin rendirse nunca.
Del director técnico zapatista
Un par de textos altamente recomendables: la segunda carta que el Subcomandante Marcos le escribió a Massimo Moratti y el fragmento de otra que le dirigió a Eduardo Galeano. Ambas son buen ejemplo de literatura política —rebelde, por supuesto— y futbol.
EZLN – CARTA AL INTER DE MILÁN→
EZLN – CARTA A EDUARDO GALEANO→
Desde las llanuras de asfalto en la Ciudad de México,
Carmen Insurgente, sub-sub comandanta
Imágenes: Antonio Turok, Pedro Valtierra, Cuartoscuro, Centro de Documentación sobre Zapatismo, La Jornada, El Ciudadano, Pinterest, Cuadrivio, Animal Político, Zócalo, Colors Magazine, Twitpic, La Voladora, Sicilia Informazioni, Upside Down World, FC Internazionale Milano.